Carta a Liliana Campos

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La ley de la vida dice que hay que respetar para que a uno lo respeten. Sé que nadie te decía Madame hasta que los medios empezaron a replicar ese remoquete porque fue el que te pusieron las autoridades cuando te capturaron en la Operación Vesta. Por eso te llamaré por tu nombre, Liliana.

Sé también que estás aburrida de ser noticia, pero que Cartagena tenga los ojos puestos en cómo avanza tu caso no debe molestarte, pues la Fiscalía te acusa de ser la mayor proxeneta de Cartagena y lo lógico es que al final se sepa toda la verdad.

Has tenido la oportunidad de hablar con los medios de comunicación, como no la tienen otros presos en Cartagena. Te han abierto los micrófonos las cadenas radiales locales y nacionales, en las páginas de los periódicos has dicho que esto es un show para tapar otras cosas graves que pasan en la ciudad, y hasta en un libro cuentan detalles de tu vida con los que tratas de desvirtuar las pruebas que presenta el ente investigador.

Es decir, los periodistas han investigado, te han escuchado a ti, a la Fiscalía y a cada una de las fuentes que se puedan relacionar con tu caso, y así es como debe ser. Por eso es reprochable tu comportamiento y el de algunos de tus allegados para con la prensa.

No es culpa tuya ni de los periodistas que el hoy exfuncionario de la Alcaldía, encargado de temas relacionados con la seguridad de la ciudad, decida tomarse una selfie contigo, y que a la vicepresidenta no le haya gustado. No es culpa tuya que en la cárcel de San Diego no haya esposas, ni los guardias tengan uniformes, ni que tú tengas que pagar los taxis para que te trasladen a las audiencias. Tampoco es culpa de la periodista Wendy Tapias, a la que amenazaste, ver ese hecho noticioso y publicarlo, pues no es normal ver a una persona a quien las autoridades han señalado como la líder de una peligrosa red, caminando por el Centro sin un dispositivo de seguridad adecuado, que hasta a ti podría ponerte en riesgo. ¿Te imaginas el escándalo que se armaría si te llegara a pasar algo en el camino?

Pero ojo, sí va a ser tu culpa si a Wendy, a quien le advertiste que se cuidara, le llega a pasar algo grave. No es la primera vez que los periodistas se ven amenazados mientras cubren tu caso. Le pasó a un reportero gráfico de El Universal cuando alguien se le acercó a exigirle que no publicara la foto que te tomó cuando asistías a una audiencia. En redes sociales también hay perfiles falsos dedicados a atacar a los periodistas y hasta han llamado a las oficinas del periódico para tratar de callarlos.

Sabemos que por redes sociales hay noticias falsas, como las que dicen que te están acusando por trabajar con menores cuando no es así, pero aún falta que se esclarezca todo por lo que te acusan. Liliana, los periodistas no tenemos la culpa de que estés presa, respetamos el debido proceso. Entiende que el deber es cubrir esa y otras noticias que se dan a diario. Por eso, en estas líneas te digo a ti y a aquellas personas que creen que es una persecución en tu contra, que respeten y dejen hacer (sin intimidaciones) nuestro trabajo.

*Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz

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