Carta a un feto

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Cartagena, 23 de febrero de 2020

Querida y soñada Susana, o querido y soñado Javier:

Aún no sé si serás niña o niño, pero tu madre y yo tenemos un nombre para ti.

Hace 9 semanas y media, mientras yo estaba en un corto viaje por México, tu mamá llamó a avisarme que estaba embarazada. Me emocioné como si el Real Cartagena quedara campeón con un gol al minuto 90. ¡Qué alegría!

La noche del 19 de enero recibí otra llamada. Tu madre lloraba y el eco de su voz entrecortada me indicaba que algo malo pasaba en el baño de la casa. “Mi amor, estoy sangrando”, me dijo. Traté de mantener la calma para no preocuparla más, colgué enseguida y llamé a mi hermano para que la llevara a la clínica.

La doctora dijo que cerca del saquito gestacional había un desprendimiento, que había riesgo de perderte. Entonces le ordenaron a tu madre que se quedara prácticamente quieta por 17 días. Por fin estaba yo en casa.

Fueron días de angustia, en los que tu hermanita y yo tratamos de que tu mamá hiciera caso. “No hagas esto, no hagas lo otro, no te agaches, etcétera”.

El 3 de febrero visitamos a la ginecóloga para ver cómo estabas: “Hasta ahora se ve como si fuera un granito de arroz; todavía no podemos hablar de cabeza, brazos y piernas”, dijo mientras señalaba el monitor.

De repente, tu mamá, la doctora y yo empezamos a escuchar los latidos de un corazón, tu corazón. Ahora ella lloraba de felicidad. Se acabó el reposo, el susto, todo va bien, sentenció la doctora.

Anteayer tu madre dijo sentir un movimiento en su barriga, cree que eres tú. Yo me río mientras las abuelas dicen que “ese es el varoncito”.

Te preguntarás algún día por qué te escribí la primera carta cuando apenas ibas para 10 semanas de gestación. Pues te confieso que en el país se está hablando mucho de los que están como tú, de tu tamaño, o un poco más grandes, o más pequeños, pero igual dentro de una madre.

Se está hablando de aquellos que pueden ser tus amigos, o tus enemigos, o tus novios o novias, tus compañeros de clase o de parranda en un futuro: se está pidiendo la despenalización del aborto antes de las 16 semanas.

Esas noticias me preocupan, ¿sabes? Me preocupa que se empiecen a apagar los latidos de corazones como el tuyo. Me inquieta que una madre no pueda experimentar las sensaciones de la vida que lleva dentro. Me duele que, temprano o tarde, decidan acabar con un feto que pese a todas las dificultades de este país, nos puede traer esperanza.

Yo confío en que tú te seguirás portando bien en esa barrigota. Confío en que llegarás sano. Espero estar para ti.

Esperamos cargarte y abrazarte por primera vez, a cualquier hora, un día de septiembre.

Tu papá.

Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz

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