Columna


Carta abierta

CARMELO DUEÑAS CASTELL

15 de noviembre de 2023 12:00 AM

Señores familiares de secuestrados: desconozco sus nombres. Es más, hasta hace poco, y como toda Colombia, vivía en ese falso limbo de la “paz total” mientras cumplíamos un enésimo cese al fuego. De ustedes, como víctimas del secuestro, nos enteramos a través de la desgracia de una familia guajira. Así supimos que el secuestro aumentó más del 60% este año, que sus familiares secuestrados eran 30 y que cada día son más.

Igual que ustedes, no entendemos a un gobierno que los oculta e inventa términos como “cerco humanitario” para camuflar el secuestro de nuestros militares y conversa con criminales que con total descaro reconocen que han cometido y seguirán cometiendo un delito para el cual, según nuestra Constitución, “no podrá existir... amnistía o indulto”.

Es imposible imaginar el desgarrador sufrimiento por sus familiares ausentes y la muerte en vida que debe ser el paso del tiempo y la falta de noticias. Presumo su impotencia ante la inoperancia del Estado y la nula respuesta de la sociedad. Asumo su asombro ante la coherencia dialéctica del Gobierno y los secuestradores: mientras los últimos afirman con cinismo que son “una organización pobre como la mayoría de los colombianos”, miembros del Gobierno reconocen su preocupación por “de qué van a vivir” si dejan de secuestrar.

Imagino que ustedes, al igual que nosotros, se ven viviendo en el país del absurdo ya que, de un tiempo a esta parte, nuestros gobernantes convirtieron a la sociedad, los secuestrados y sus familias en culpables al tiempo que bautizaron a los delincuentes de inocentes víctimas de unas circunstancias que los han obligado a robar, secuestrar y asesinar y que por ello debemos pagar con desgobierno, anarquía, inseguridad e impunidad mientras gobernantes y delincuentes continúan sus eternos diálogos de paz.

En lo personal imagino los sentimientos encontrados que les ha producido el secuestro del padre de nuestro admirado futbolista: dolor por su sufrimiento, que ustedes comparten y entienden; asombro y admiración por la solidaridad global; envidia por la discriminadora y rápida respuesta del gobierno y sus fuerzas militares; alegría por el feliz desenlace, y frustración por la desesperanzadora realidad de sus familiares secuestrados.

Con sentimiento de culpa, entiendo su frustración ante la desidia de toda una nación que los ha dejado solos cuando debimos seguir el ejemplo del técnico, los jugadores, los aficionados y la misma Colombia con el caso de nuestro futbolista estrella que debió sentir verídica la emblemática canción del Liverpool en el estadio Anfield “cuando caminas a través de una tormenta mantén la cabeza bien alta y no tengas miedo de la oscuridad... nunca caminarás solo”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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