Cartagena capital de los derechos humanos

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Existe la ley 95 de 1985, que compete a Cartagena, pero está casi perdida en el marasmo a veces impenetrable de la legislación. Nos pusimos la tarea de difundirla pues declara a Cartagena, en honor a los jesuitas Pedro Claver, Alonso de Sandoval y Nicolás González, capital de los Derechos Humanos en Colombia, y pide además a la cancillería gestionar ante la OEA que Cartagena sea declarada Capital Latinoamericana de los Derechos Humanos y ante la ONU, capital mundial de estos.

El camino comenzó desde el Santuario de San Pedro Claver el 9 de septiembre del año pasado, fecha en la conmemoración del santo y día de los Derechos Humanos en Colombia, como lo designó la misma ley. Ese día, en plaza pública, entregamos un mandato popular a la Defensora regional del Pueblo con la ley y algunas exigencias derivadas de esta. Fue la partida de una ruta que nos tiene que enseñar a ver la ciudad de manera incluyente, donde todos nos sintamos sujetos de derechos y por tanto responsables.

En 2033 la ciudad cumplirá 500 años: ¿será posible celebrar entonces una urbe que no sólo conserve las murallas (si es que antes la corrupción, la construcción y el turismo extractivistas, no acaban de tumbarlas), sino la vida digna para todos? ¿Es posible convertir esta ciudad, sistemáticamente violadora de derechos, donde los intereses privados priman sobre los comunes, en la capital mundial de los Derechos Humanos?

Creemos que sí, y es la apuesta desde el Santuario de San Pedro Claver, porque tenemos un espíritu que anima este sueño: el que animó a Claver, quien hace 400 años recorrió las calles enseñándonos el valor de cada ser humano, mostrándonos que es posible la equidad y la justicia, espíritu indómito que está en el inconsciente cartagenero, espíritu de resistencia que doscientos años después unió voluntades para afrontar con valentía la barbarie del sitio de Morillo.

Para los cristianos este espíritu debería ser el que buscamos en Pentecostés para todos (y no tantos ayunos y vigilias desteñidas de justicia), creyentes o no, lo que nos hace más humanos.

El año pasado, a doscientos años del sitio de Morillo, nos lanzamos a esta aventura de unir voluntades para hacer de Cartagena la capital de los Derechos Humanos. Este mayo que terminó, mes de la Herencia Africana, fue otra oportunidad para reflexionar, mirando en nuestra propia vida cuál es el espíritu que nos guía, si el mismo de Pedro Claver y que hoy nos conduce a defender los derechos fundamentales, o ese espíritu inhumano que nos invadió y sólo vela por el capital y el interés.

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