Cartagena: distrito autónomo

31 de mayo de 2009 12:00 AM

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Cartagena es una ciudad distinta. Por eso debe tener un sistema político-administrativo diferente al resto de capitales de Colombia. Para preservar las huellas de su pasado, tejido por la conjunción de la historia y la leyenda, y para defender su presente y garantizar su progreso en el futuro hay que darle instrumentos legales idóneos para su desarrollo, pues no basta con que se canten, en prosa y en verso, su belleza y excelencias, mientras se pierden las oportunidades y se esfuman sueños y esperanzas. Hace ya muchos años que existe conciencia nacional de que Cartagena es la joya de la patria. Nadie lo pone en duda. La ciudad, con protagonismo histórico incomparable, une a su creciente prestigio turístico su categoría de centro industrial de primera importancia. Utilizada otrora como principio y fin de la ruta de los galeones, su terminal marítimo es hoy el más productivo del país. Y, simultáneamente, brinda a la curiosidad del viajero y del inversionista la múltiple condición de balneario, museo, plaza fuerte, complejo fabril y comercial y venero de mitos y de glorias. Por todas las razones anteriores, Cartagena debe conseguir que el Congreso, con la anuencia del Gobierno Nacional, designe a Cartagena “Distrito Especial Autónomo”, independiente del departamento de Bolívar, con un Concejo que sea el único legislador local, y con voceros propios en el Congreso de la República (Cámara de Representantes), al igual que Bogotá, a fin de que, con una representación parlamentaria comprometida con la ciudad se garantice la defensa de sus intereses. Y que el resto del departamento se quede con el nombre de El Libertador. Es preciso cambiar el corazón del poder seccional. Carece de lógica que Cartagena siga siendo el eje de la existencia de Bolívar por múltiples razones. Entre ellas no es la de menos importancia el hecho de que su situación, en una punta alejada de la larga geografía, le impide analizar con atención los problemas que agobian a sus municipios, muchos perdidos entre caños, ciénagas y roquedales. El cambio de la capital de Bolívar hacia su centro geográfico facilitaría el conocimiento de las necesidades que afligen a la provincia para la búsqueda y aplicación de soluciones reales y viables. Miguel Raad, cuando fue gobernador, se atrevió a dar el primer paso, creando la Vicegobernación en Magangué, pero su proyecto no fue suficiente. Hay que llevarlo más adelante. Si convertimos a Cartagena, como lo merece, en Distrito autónomo e independiente, Magangué tiene que ser la capital. El centro del poder político y administrativo de la región debe desplazarse hacia el sur para que sea posible llenar los “desalentadores espacios vacíos” que se encuentran a lo largo de nuestro territorio. Y Magangué reúne todas las condiciones. El hecho de estar situada sobre el brazo principal del río Magdalena y con facilidad de comunicación con las poblaciones meridionales, le da garantías de éxito a la gestión gubernamental. Además está poblada por habitantes ávidos de progreso, y cuenta con una clase dirigente ansiosa de desarrollo. Cartagena tiene títulos sobrados para ser autónoma e independiente, con voceros propios en el Parlamento. No lo dudemos. Es el momento de la imaginación y de la audacia.

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