Cartagena en una encrucijada

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Para salir de la pavorosa encrucijada en que se encuentra nuestra ciudad hay que empezar a hacer las cosas de manera diferente, algo hemos venido haciendo mal si la ciudad mantiene sus altos niveles de pobreza, la inseguridad en el diario vivir, la falta de educación cívica, la creciente informalidad laboral, la toma el espacio público, las basuras, la falta de autoridad, el irrespeto al medio ambiente, el crecimiento desmedido de la burocracia en la administración distrital, y el mayor de sus flagelos: la corrupción.

Y lo que es bien trágico; el riesgo de inundación por el calentamiento global.

Hay que sentarse a hacer un pacto social con todos los estamentos, la clase política, los líderes de barrios, los ediles, los industriales, los comerciantes, las ONG, la sociedad civil; negros, blancos, indios, mestizos, pardos, para sentarnos a diseñar la ciudad que queremos. Ponernos de acuerdo en activar las grandes locomotoras para el desarrollo social y económico, con una misma visión donde todos juntos jalemos al unísono para lograrlo.

Es paradójico que teniendo tantos atributos físicos, ninguna ciudad de Colombia los tiene tantos, persista el estancamiento social y económico. Por eso hay que insistir en ejecutar una verdadera política educativa (infraestructura y académica), para preparar nuestro recurso humano, hoy subvalorado.

No habrá nada que hacer y persistirán los problemas si el grueso de nuestra población de los estratos 1, 2, 3 no se prepara para el cambio. Incluso, habrá que realizarlos en varias etapas, en el corto, mediano y largo plazo, siendo el largo plazo la de poder impactar el pensun académico desde el preescolar donde se le enseñe a nuestros niños a vivir en la limpieza, el querer y cuidar su ciudad, su barrio, su entorno inmediato, a hablar y pronunciar bien el español, a recibir entrenamiento en nociones de emprendimiento, el cuidado al medio ambiente, al bilingüismo, a las humanidades; la ética y la moral, las artes y la historia nacional. Y en el corto plazo salir a buscar a las comunidades, ir a donde ellas para llevarles el Sena, la Universidad de Cartagena, la que deberá ampliar su infraestructura y cobertura, la Escuela de Bellas Artes, los colegios públicos, una nueva universidad pública distrital, nuevos escenarios deportivos, los ‘Sacúdete’ del presidente Duque.

Monitorear a los niños y jóvenes que desertan del estudio de manera unipersonal y puntual. Nuestra tasa de deserción es alta, casi 30.000 estudiantes abandonan sus estudios para caer en la droga, la delincuencia y el subdesarrollo. Será estratégico lo de blindar los PAE para que sean invulnerables a la corrupción.

Hay que atender de manera especial a la Cartagena rural, la Cartagena corregimental, donde viven más de 9.000 familias en condiciones lamentables.

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