Cartagena Escenario, otra vez

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Unos jóvenes pertenecientes al colectivo Vértigo Graffiti de Bogotá, han venido a Cartagena y organizado un festival. Se llama I Festival Internacional de Arte Urbano Ciudad Mural. La decisión fue pintar algunas fachadas de Getsemaní, para visibilizar el barrio y generar otra alternativa turística, según informan los medios. 

El evento está autorizado por el Comité de Patrimonio, que vela por las intervenciones en el Centro; además cuenta con autorización de la Junta de Acción Comunal, que representa los intereses del barrio; e incluso tiene el aval de algunas organizaciones culturales del sector. Los jóvenes usan un lenguaje políticamente correcto. Parece que todo está muy bien.

Hace varios días, los organizadores enviaron correos electrónicos “socializando” el evento con varias personas, entre las cuales me incluyeron, sin embargo antes de darles mi opinión, el día 23 de noviembre les envié (entre otras) las siguientes preguntas:

1. ¿Por qué han escogido Getsemaní, más allá del impacto mediático nacional que evidentemente genera esta acción artística para los participantes

2. Consideran ésta actividad positiva para el barrio en momentos en que enfrenta sin muchas armas un proceso de gentrificación?

3. ¿No creen ustedes que deberían generar un debate y conocimiento más amplio en la ciudad sobre el impacto que se causa con la acción artística?

Estas preguntas siguen sin responder, mientras el evento termina este sábado con el recorrido que los artistas harán por sus obras. Los que nos quedamos, recorreremos sus calles al día siguiente viviendo un deterioro que no tiene que ver con sus fachadas derruidas (quizá después del paso de Vértigo Graffiti se venderán mejor), sino con el de sus casas restauradas y su más de un centenar de edificaciones que son hoteles y bares.

Hace unos días Patrick Morales, en una columna sobre este tema, explicaba que el arte expedicionario urbano ha jugado un papel clave en procesos de expulsión local (http://goo.gl/H6DGAZ). Vale la pena leerlo, para recordar frente a los nuevos murales que solo los procesos culturales permanentes tienen poder de transformación para la sociedad, que lo que Getsemaní necesita son acciones sistemáticas que empoderen a sus vecinos para generar resistencias positivas frente al destino que el negocio inmobiliario y el turismo mal manejado parecen imponerle.

Los artistas tienen una enorme responsabilidad con el entorno que intervienen, y su escogencia de los espacios debe responder a las necesidades del lugar, no lo contrario. Cartagena necesita más arte, más música, más cine, más literatura, más danza, más gente con ganas de trabajar desde la cultura en procesos sustanciosos, arriesgados, perdurables y auténticos. Necesitamos mucho menos la foto bonita en la fachada pasajera de la casa.

*Abogada, Investigadora cultural

@irinajunieles

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