Cartagena pa’ dónde vamos

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Hace poco pudimos conocer los resultados del informe de calidad de vida “Cartagena cómo vamos”; el cual se ha constituido en un valioso referente acerca de los avances y retrocesos de la ciudad en aspectos como: salud, educación, pobreza, seguridad, entre otros.

Y si bien ha sido muy importante el seguimiento que esta iniciativa le ha hecho al desarrollo de la ciudad, sería bueno preguntarnos qué hemos hecho nosotros para mejorar esa radiografía; porque llevamos más de catorce años viendo las mismas diapositivas que se repiten una y otra vez en cada informe: la ciudad con el mayor nivel de pobreza del país, la inseguridad cada vez más latente, la educación tiene casi todos los indicadores en rojo, la movilidad se percibe caótica, no hay oportunidades de trabajo, la percepción ciudadana es de insatisfacción y pesimismo... En fin, lo que evidencia una vez más, que la calidad de vida en Cartagena no es nada alentadora.

Sin embargo, parece que los cartageneros estamos absolutamente convencidos de que algún día (por osmosis o por generación espontánea) esas cosas cambiaran. Porque aquí culpamos a los alcaldes (que nosotros mismos elegimos), a los concejales (por los que nosotros mismos votamos), a las casas políticas que han vivido de desangrar nuestro presupuesto a punta de burocracia y contratos a través de los candidatos que ellas financian (y que nosotros mismos les colaboramos eligiéndoselos en las urnas).

Y lo más increíble de todo esto es que cada vez que hay elecciones, rezamos para que no se cumpla la profecía, y la divina providencia nos haga el milagrito.

¡Por Dios! esto no es una dictadura. Somos una democracia, y aquí pasará lo que hagamos o lo que dejemos que pase. De ahí la importancia que tiene la ciudadanía, que no depende de afuera, sino de una voluntad compartida, de hacia dónde quiero ir con los otros. Es la apuesta de personas que son capaces de moverse, de no conformarse con lo que está sucediendo y de cambiar lo que no les gusta.

Pero a los cartageneros nos ha faltado precisamente eso: ser ciudadanos. Nosotros no nos encontramos, no confluimos, no nos hemos puesto de acuerdo para construir lazos y vínculos que nos cohesionen en torno a un proyecto colectivo de ciudad.

Si ya sabemos cómo vamos, la gran pregunta que hoy debemos hacernos es: ¿Pa’ dónde vamos? Sin visión los pueblos perecen, nos advierten las sagradas escrituras. Por eso es hora de pensar en el futuro, entendiendo por futuro no lo que esperamos sino lo que a partir de hoy estamos construyendo.

¡Cartagena nos necesita! porque es imposible construir una ciudad diferente con gente indiferente.

*Abogada y analista política.

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