Columna


Cartagena paciente

JAVIER RAMOS ZAMBRANO

20 de septiembre de 2020 12:00 AM

A veces pareciera que eso de llamarnos Ciudad Vieja o Heroica nos enquistara eternamente, primero, en los mismos problemas de siempre, y segundo, nos mantuviera en una constante pujanza para salir de ellos. Lo curioso es que muchas situaciones no cambian aunque ahí siga la fe, la esperanza, ese heroísmo que se confunde, en ocasiones, con un sofisma cuando se pretende enderezar el rumbo de algo que hace rato tenía que haber cambiado.

Mientras desde antaño uno ve, por poner un ejemplo, cómo ciudades como Medellín se enfocan en el desarrollo y la innovación, por estos lares aún, apenas, luego de varios siglos, seguimos intentando salvar a Cartagena. Sigue entonces la Ciudad Vieja en su lucha por salir a flote y no hundirse en sus líos antiguos, mientras llegan los nuevos. Ante la llegada del COVID-19 se creó Barrio Heroico, estrategia que busca con pedagogía, prevenir la propagación del mortal virus en los sectores más pobres. Recientemente nació Bazurto Heroico, para evitar también que el coronavirus se tome la principal plaza de mercado, donde por años ha reinado el desorden. Nos acostumbramos, para cualquier dura situación, a intentar rescatar aquel verdadero heroísmo de 1815, cuando el pueblo resistió 105 días de hambre y ataques en el sitio de Pablo Morillo. Hasta para el fútbol nos tiran esa pelotita del heroísmo: al Real Cartagena le llaman el “conjunto Heroico”, ¿será porque cada año pone a sufrir a los hinchas y nada que asciende? En la mente nos han inyectado tanto esa idea de aguantar, resistir, esperar, soportar, en vez de avanzar, crecer, progresar, desarrollar, proyectarnos como ciudad, por eso en la Heroica a veces, más que heroicos, somos pacientes.

Hoy, cuando deberíamos, por lo menos, estar movilizándonos masivamente de un lugar a otro por nuestras ricas aguas (para hablar de transporte acuático y no de un metro o un tranvía) cruzamos los dedos para que no desaparezca Transcaribe, el único medio de transporte masivo de la ciudad, seguro para la ciudadanía y amigable con el medioambiente. Los heroicos a veces esperamos tanto, que olvidamos todo. Recordemos que el SITM nació en 2003, y aunque debió operar desde 2006, fue en marzo de 2016 cuando arrancó su etapa comercial, y hoy apenas alcanza el 52% de implementación; con una chatarrización estancada y un transporte informal que lo hunde cada día. Increíble cómo la corrupción y la falta de voluntad política nos ha llevado a ser unos seres pacientemente heroicos. Heroicos los que exponen su vida en un jeep viejo en Torices, los que cogen mototaxi, los que se suben a un bus repleto, sin aire, y con vendedores en el pasillo.

Por fortuna hay un compromiso serio del alcalde Dau para salvar Transcaribe, cambió al gerente y dice que va a buscar la plata para que no se vare. Esperamos que le ponga el acelerador.

*Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz.

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