Cartagena resucitará

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Comparar lo que sufrió Jesús, con cualquier otro sufrimiento, puede ser un pecado... Un hombre al que, aunque sanó a enfermos, caminó sobre el agua, multiplicó los panes y hasta revivió a un muerto, no le creyeron y terminaron crucificándolo, no sin antes, pasearlo por el pueblo ante la mirada de pocos creyentes y una mayoría que se burlaba y lo escupía. Es incomparable porque muy difícilmente alguien, que solo trabajó por hacer buenas obras, lo primero que se le ocurra decir en su último aliento, es que Dios perdone a esos que disfrutaron del linchamiento, porque según Él, no sabían lo que hacían.

Un día como hoy resucitó, los discípulos y otros testigos vieron luego cómo ascendió al cielo y fueron ellos los encargados de escribir toda esa gran historia que hoy algunos prefieren interpretarla a su manera, o simplemente no creerla.

No creer en que las cosas pueden cambiar es síntoma de un sufrimiento eterno. Desde antes de “los años 1600”, como cantó el Joe Arroyo, los pobres vienen sufriendo los golpes de la injusticia y el poder mal administrado en Cartagena.

Los ciudadanos no creen en sus gobernantes, mucho menos cuando tenemos un récord de 11 alcaldes en 8 años, el último elegido por elección popular no duró ni 15 días. Además, no es fácil asimilar que más de la mitad del Concejo Distrital, la representación del pueblo, están libres por vencimiento de términos, pero siguen investigados porque al parecer leyeron unos “libros” muy diferentes a la Biblia.

En el sector Isla de León, en El Pozón, conocí a una señora que fue abandonada por su esposo, ella sale todos los días a otros barrios a lavar ropa o planchar para poder llevar el pan a su casa a sus dos hijas. Hoy nos sorprende que Cartagena Cómo Vamos diga que en esta ciudad hay familias que se acuestan sin comer una de las tres comidas al día; pues esta señora es el ejemplo vivo de que ella deja de comer para que alcance para sus peladas.

Ya ella sabe que ahora que llueva, el agua se meterá por las rendijas del techo improvisado de su casa de tablas y piso de barro. Sabe también que le ofrecerán 100 mil pesos para votar en combo, es decir, por un aspirante a la Alcaldía y otro al Concejo en las elecciones de octubre. ¿Cómo decirle que no los acepte mientras la barriga de sus dos hijas crujen por el hambre? “He dejado de hacer el aseo en dos casas esta semana porque llegó una venezolana que les cobra más barato”, me dijo resignada.

Sé que recibirá la plata, y sé que votará porque le pondrán un transporte que la irá a buscar a un sitió estratégico y la llevará a su puesto de votación, luego la regresarán a su casa.

Sé que un día después de votar, volverá a tener hambre, y que, de seguir así las cosas, tendrá que poner a su hija, en edad escolar, también a trabajar. “Dios mío, perdónala, porque no sabe lo que hace”.

Y usted, que puede comprar un periódico y leer una columna de opinión, o entrar a Internet para enterarse a través de las noticias cómo crucificamos el planeta... ¿qué hace por su ciudad?

Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Columna

DE INTERÉS