Columna


Cartagena Independiente y los malditos del mar

RICARDO CHICA

04 de marzo de 2024 12:00 AM

Entre los malditos del Caribe están piratas, ladrones, estafadores, bucaneros, fugitivos, apóstatas, rebeldes, cimarrones y corsarios. La época dorada de la piratería acaeció entre 1650 y 1730, cuando las rivalidades imperiales acechaban a España. Y Cartagena, como llave de las Indias, siempre estuvo en la mira de forajidos marinos de toda laya.

El cine de piratas en Hollywood, entre los años 40 y 50, se inspiró en el bandidaje, la insurrección y el contrabando pirático narrado en la literatura romántica del siglo XIX. Novelas como ‘El Corsario’ (1814), ‘El Pirata’ (1821), ‘La Isla del Tesoro’ (1883) y la ópera ‘Los piratas de Penzance’ fundaron el arquetipo de ‘Robin Hood del Caribe’, visto como antihéroe y justiciero.

El Mar Caribe fue espacio ‘sin amos, ni señores’ para miles de esclavos, revolucionarios y aventureros, lo que reconfiguró el sentido de la libertad verdadera. Una libertad riesgosa, peligrosa pero llena de vida y emoción. De ahí que arquetipos del cine y la literatura como ‘Long John Silver’, ‘The Crimsom Pirate’ y ‘Jack Sparrow’ sintetizaron un perfil político complejo y ambiguo situado en un contexto de confrontación permanente. Se trató de sujetos leales a su propia cofradía.

Cartagena aparece como elemento central en los argumentos de dos películas producidas por Hollywood en aquellos años: ‘The Spanish Main’ (1945) y ‘Captain Pirate’ (1952). En la primera, un barco con inmigrantes holandeses encalla cerca de Cartagena, situación que aprovecha el virrey Juan Alvarado de Soto para poner preso al capitán Van Horn. Años después, el capitán se convierte en el temido pirata Barracuda y por sed de venganza, no solo toma la ciudad, sino que rapta a la bellísima Francisca de Guzmán, la novia del virrey. En la segunda, el capitán Blood es un pirata regenerado que ejerce la medicina en las Indias Occidentales, pero es acusado de haber asaltado a Cartagena, cuando el verdadero artífice era un filibustero de gran parecido físico. Para comprobar su inocencia, Blood regresa al mar y a sus andanzas.

Para hacer viable su independencia, entre 1811 y 1815, Cartagena emitió patentes de Corso a marineros de todo origen, donde destacaban ‘los negros franceses’: aquellos esclavos haitianos que se rebelaron contra Francia en 1804. También, el francés Luis Aury hizo el corso con la bandera de este puerto, siendo uno de los más famosos y despiadados. El Caribe era un mar de revoluciones, y en semejante bololó, isleños y continentales se dispusieron a ‘hacer el corso’, pues, en Cartagena se legalizaba toda presa, carga o mercancía traídas por un impuesto que rondaba el 20 por ciento.

En su libro ‘El gran diablo hecho barco’, Edgardo Pérez Morales identifica 35 naves que hicieron el corso con la insurgente bandera cuadrilonga, muy temida por la marina española. Hay que filmar esa película.

Comentarios ()

 
  NOTICIAS RECOMENDADAS