Celebrar la vida

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Es lo que realmente nos queda, celebrar la dicha de permanecer aún en este tránsito terrenal, porque Colombia es el país que más celebra cosas y en donde la violencia reverbera sin consideración. A propósito de celebrar el Día de la Madre, el del de Amor y Amistad, el de la Mujer, el de los Hombres, el día de cada profesión, el día del abrazo, el Día del Niño, el Día de los Derechos Humanos, el día de la Libertad de Expresión, el del Padre, el día del burro, el día de la chicha, el Día del Maestro, el Día del Trabajo, el de las mil vírgenes, el día, el día... No logro entender cómo un país de tanta celebración y elogio, de tanto enaltecer y loar, de tantos golpes de pechos, de promesas, de tanto creyente, de tantas mosquitas muertas, siga sumido y consumiéndose en la mentira, en la violencia, en la trampa, en el abuso, en el maltrato, en el irrespeto, en el bla bla bla. Un país donde la verdad es vilmente asesinada y donde los intereses personales priman sobre un colectivo. No logro entender ¡qué es lo que celebramos! porque palabras son hechos y no buenas razones y, este país está lleno de razones improbables porque la última sentencia la tiene la desidia, la omisión, la indiferencia, el acomodo, la leguleyada, el vencimiento de términos, el dejad haced, dejad pasad y seguimos celebrando, el festival del tamal, del frito, de los nuevos candidatos en épocas de elecciones. Nos debería dar vergüenza cuando a diario asesinan y violan a mujeres y a niños, atracan y matan. Cómo podríamos llamarles a estas incongruencias. A Dios rogando, y con el mazo dando. Un país sin ley ni nombre, la justicia justifica a los malos y los buenos son ajusticiados. Un trabalenguas que no se puede olvidar porque todo es un juego de palabras donde la autoridad en su arbitrariedad desconoce sus funciones, desconoce para qué fue nombrada, ignora cuáles son sus compromisos. Y todos los días hay más de un muerto en cada ciudad, hay atracos incontables, hay heridos y no podemos quedarnos ahí, viendo pasar los cadáveres, sintiendo la mortecina en su vaho grisáceo que nos sacude. Y se firman acuerdos de paz y los disidentes se fortalecen y se le invierte una millonaria suma en la limpieza del mercado de Bazurto y a la hora todo está vuelto añicos como antes. Y no son solo ellos los que nos dirigen, somos todos, todos estamos implicados en estas celebraciones, todos nos las gozamos, formamos parte del núcleo y vemos caer el telón con el ocaso y nos vamos conformando ante una realidad que se celebra bajo el manto de la corrupción. Me celebro a mí misma y a ustedes mujeres que se han salvado de la salvajada de morir aplastadas por un cuchillo, palo o revólver.

*Escritora

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