Columna


Celulares cuánticos

JORGE RUMIÉ

30 de octubre de 2020 12:00 AM

La física cuántica es tan complicada de entender, que resulta mejor no esforzarse en explicarla, porque igual acabaremos sin entenderla. Cómo será de confuso el tema que el Nobel de Física, Richard Feyman, expresó: “Creo que puedo decir con seguridad que nadie entiende la mecánica cuántica”.

Algo que puedo aclarar es que los computadores tradicionales – independientemente de su potencia - se escriben en códigos binarios (1 o 0); mientras los ordenadores cuánticos toman esas dos posiciones y pueden superponerse, entrelazarse, subirse, acostarse y hacer tantas piruetas que sus algoritmos más parecen un puñado de colibríes borrachos salidos de un grado de bachillerato. Es la verdad. La cosa es tan extraña, que una colibrí cuántica puede estar en dos lugares al mismo tiempo. ¿Cómo te queda el ojo?

El otro día nada más, para ir dimensionando el asunto, un computador cuántico en EE. UU. hizo un cálculo numérico tan complejo, que se tomó apenas 3 minutos y 20 segundos en terminarlo. Sin embargo, al ordenador convencional más poderoso del mundo, se habría demorado miles de años, con la posibilidad de equivocarse, porque ¿quién garantiza la estabilidad del voltaje durante ese tiempo en Colombia?

Ahora, ¿qué implicaciones tendrá para nosotros el futuro cuántico de las cosas? Muy sencillo: en todo. Con decirles que un celular cuántico será tan potente que hasta tendrá la posibilidad de decirme: “Mira Rumié, sacúdete, ¿no te das cuenta que ese político que tienes enfrente es un farsante de marca mayor y todo lo que está prometiendo son puras vacuencias populistas sin asidero alguno?” Por fin la humanidad tendrá un filtro tan poderoso, que la ingenuidad, la ignorancia y la falta de criterio del electorado, será compensado por unos aparatos capaces de leer el lenguaje corporal y neuronal de cualquiera.

Por ejemplo, el impacto en la corrupción será tal, que el mismo celular cuántico le dirá a su dueño: “Mira, Zutano, eso que acabas de hablar con Mengano es una vagabundería de tal magnitud, que como sigas adelante te voy a acusar con la autoridad competente”. Entonces, en la mano vamos a tener un aparato que sabrá más que todos los computadores tradicionales del mundo, y por fin la estupidez humana - que sí es peste - podrá ser domesticada para que juntos podamos resolver aquellos graves problemas que venimos posponiendo, como la miseria, el cambio climático, la amenaza atómica, la sobrepoblación, los fundamentalismos religiosos, las dictaduras, entre otras.

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