Censura cibernética

31 de marzo de 2010 12:00 AM

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El pasado 22 de marzo, después de comprobar que hackers habían burlado sus sistemas de seguridad para robar información que les permitiera acceder a las cuentas de correo Gmail de algunos activistas de derechos humanos, Google anunció que no seguirá censurando por orden gubernamental los resultados de búsqueda de su portal en China, y que permitirá a sus usuarios acceder a su portal en Hong Kong, hasta ahora libre de restricciones. Es muy probable que el gobierno chino no permita el acceso libre al sitio web en Hong Kong, y que bloquee la búsqueda de información que pueda resultar perjudicial para sus intereses, pero Google prefiere padecer las prohibiciones y bloqueos de parte del régimen, a continuar con una autocensura cómplice de la represión de las libertades ciudadanas. Yahoo, otro gigante de la informática, no parece emular a Google, pues Bill Gates expresó que las empresas deben decidir si respetan o no las leyes de un país, y entender que en caso de no hacerlo posiblemente no podrán adelantar su actividad comercial en él: el presidente de Microsoft prefiere quedarse en China con sitios web censurados que tener que salir de Beijing. Pero, ¿por qué el gobierno de China no permite en Internet motores de búsqueda sin restricciones, y prefiere –como lo manifiestan sus voceros– cerrar cualquier empresa que no se acoja a sus políticas? ¿Qué explica que en una economía de mercado como la china el gobierno mantenga limites en el acceso a cierta información? En los regímenes dictatoriales, la ausencia de deliberación y de negociación entre partidos y actores sociales permite a los gobiernos diseñar e implementar en menor tiempo ciertas políticas públicas. No es necesario debatir con el adversario la priorización de esas políticas, ni a qué sectores debe dirigirse el gasto público. En China, la política obedece a los designios del Politburó –órgano directivo– del Partido Comunista, sin que éste tenga que conciliar sus decisiones con fuerzas antagónicas. Los gobiernos despóticos prefieren ser evaluados por los resultados de su gestión, pero temen que se examinen los medios y procedimientos con los cuales silencian a quienes se oponen a sus decisiones. China exhibe con deleite sus cifras macroeconómicas y sus avances en infraestructura, pero se rehúsa a suministrar cualquier información relacionada con las libertades civiles y políticas: niega visas en forma reiterada a periodistas y activistas interesados en indagar sobre el estado de los derechos humanos en ese país. China es un gigante económico pero también un enano moral. Teme que si permite a sus ciudadanos un acceso sin restricciones a Internet, éstos puedan indagar sobre la masacre de estudiantes perpetrada por el gobierno en la plaza Tiananmen en 1989, o que obtengan información distinta a la oficial sobre la ocupación del Tíbet. El bloqueo de los motores de búsqueda es el reflejo de la debilidad moral de un gobierno que cree que la libertad humana se reduce a la posibilidad de transar en el mercado bienes y servicios. Su economía de mercado se restringe al tráfico de mercancías, excluyendo la libre circulación de ideas en el ciberespacio. *Abogado y Filósofo tiradojorge@hotmail.com

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