Cholón

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El episodio donde muere Valentina González en Cholón hace algunos días es muy triste. Pero más triste es escuchar comentarios como: esto se veía venir, tarde o temprano iba a pasar, siempre sentí temor cuando mis hijos iban y frases nefastas con relación a los paseos a este balneario turístico... y es que Cholón se había convertido en un destino de rumba sin ley ni orden. En esta franja de agua atracan y fondean embarcaciones de todo tipo cargadas toda clase de personas. Se organizan eventos multitudinarios sin control y se mezcla el alcohol y otras cosas más en el mar sin ningún respeto.

Los nativos se han apoderado de la zona y venden desde comida hasta servicios náuticos y alquilan aparatejos peligrosos que se usan sin vigilancia de velocidad o chalecos salvavidas.

En Cholón no hay orden, no hay áreas delimitadas para bañistas y cada quien se ubica dónde quiere o dónde puede. No hay control de basuras que proteja al medioambiente, ni quien fiscalice los precios que cobran a los turistas por productos o la calidad de los alimentos ofrecidos. No hay puesto de salud o ambulancia que pueda socorrer ante alguna emergencia. No hay autoridad visible que modere las actividades en esta ciénaga del corregimiento de Barú.

Al igual que Sodoma y Gomorra, Cholón se ha convertido en el centro de la juerga. Lastimosamente nadie ha oído los clamores de la ciudadanía que reiteradamente ha manifestado su preocupación por la falta de soberanía en el área. En la historia bíblica, Dios decide acabar con estas ciudades ante la impotencia de enderezar sus destinos. Acá sería imposible. Siempre saldrían quienes abogarían por el derecho al trabajo, a la diversión y cientos de cosas más para seguir abusando a sus anchas de este parque natural.

Este desorden pone en riesgo a los que pretenden disfrutar o usufructuar de la ciénaga. Pero su sobrevivencia solo será posible dentro de un marco de orden y autoridad. Las entidades que tienen competencia en el área (Secretaría Del Interior, Ministerio de Turismo, Parques Nacionales, Dimar, Capitanía de puerto) realizaron un consejo de seguridad pretenden delimitar y señalizar las distintas zonas para que sean más claras para los usuarios.

La muerte de la turista Barranquillera quedará allí y no servirá de nada si estas medidas no se respetan. Su foto enviada morbosamente por las redes sociales sin que nadie tapara su cuerpo herido, no servirá de nada si no se ejerce autoridad. Al final, la gente olvidará su nombre y recordará el hecho por poco tiempo. Este desorden nunca debió cobrar víctimas para ser reconocido. Lamentablemente la muerte de Valentina ha sido lo que ha hecho reaccionar a la comunidad. Solo resta pedirles a los entes que ejerzan policivamente su autoridad para que no haya otros hechos lamentables.

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