Columna


¿Ciudad concesionada o estafada?

JESÚS OLIVERO

26 de enero de 2018 12:00 AM

Cartagena es el destino de turismo más importante del país y una de las urbes más bellas del mundo. También tiene puertos e industria y podría esperarse que los impuestos a estos sectores permitirían contar con un ‘corralito’ decente en lo social. Pero no es así, y la desigualdad crece, tan funesta como devastadora. Muchos son los factores responsables, desde corrupción hasta falta de pertenencia y visión sobre lo propio, pasando por un modelo de gobernanza tuerto.

Los negocios distritales son comparables al canje de espejitos por oro, nunca concebidos para apalancar las finanzas, sino para delegar lo aparentemente superfluo, por no decir otras cosas. Hay muchos ejemplos, pero el de la concesión para explotar los espacios publicitarios es patético. Si esta tierra es un faro turístico, uno de sus principales ingresos debe estar relacionado con la publicidad, y ese negocio debe ser rentable para el Distrito, no para bolsillos foráneos. Si por cada aviso en cualquier parte no recibimos al menos el 70% de lo que cobra la empresa o el concesionario, el negocio es pésimo.

Estoy seguro que pocos saben lo facturado por particulares para afectar nuestra psiquis con tanta contaminación visual en Cartagena. Son millones mensuales por cada valla, sin mencionar los paraderos y paneles. Inexplicablemente la cuestión quedó abierta para cualquier tipo de publicidad, sin restricciones, y debemos aguantarnos la politiquería en la señalización de calles y carreras, claramente un abuso. 

Una ciudad incapaz de usar sus recursos para señalizar su nomenclatura adolece de identidad y respeto por sus ciudadanos. Este espacio no puede concesionarse.

Tenemos el derecho a movernos sin tener que ingerir mentalmente un aguardiente, un político o una telefónica, eso es absurdo.  

La situación es tan inescrupulosa que en muchas esquinas, en especial del sector turístico, para poner publicidad sobre los avisos plásticos, hay hasta cuatro señales de lo mismo, o los ubican en sitios innecesarios, y en el resto de la ciudad, la otra, toca preguntar qué calle es cual. Los ciudadanos tenemos pocas formas de control sobre estas cosas descabelladas, pero debemos gestionarlas con nuestro voto y recuperar la ciudad. Las concesiones leoninas de terceros para el espacio público, las carreteras internas, los espejos de agua, los fuertes, entre tantas cosas que podrían aportar a mermar la pobreza, requieren una revisión urgente y acciones decididas del Ejecutivo y el Concejo, pero sobre todo de nosotros mismos. Empecemos por votar bien y ejercer nuestra acción ciudadana.