Ciudad Podrida

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El próximo domingo será una pérdida de tiempo en los sitios de votación. Aunque aparezca un diluvio, todos saben quién será el próximo alcalde. No por bueno, sino porque los dueños del Distrito lo decidieron. La democracia, esa palabra asociada con la participación ciudadana, no existe cuando el poder del dinero socava las conciencias, enceguece a los votantes y compra lo poco que queda de moral para satisfacer una urgencia en familias que nunca han tenido nada.

Serán unos meses largos con más signos y síntomas de pobreza en la Heroica. Más invasiones, basura en las calles y caños, malabaristas de semáforos, colegios cayéndose y sin cuidanderos, calles con cráteres, mayor inseguridad, en fin.  

Ese alcalde nunca sacará sus domingos para ponerse las botas, recoger basura y meterse a los caños a limpiarlos con la comunidad. Tampoco convencerá al Concejo para que al menos el 5% del valor de los nuevos apartamentos, de los miles construidos en estratos superiores al tres, se use para erigir viviendas dignas en la Perimetral, así como en todos los rincones miserables de la ciudad. El peaje, que solo debería estar en Mamonal, y cuyo recaudo podría invertirse en proteger la salud de la gente expuesta al humo de las mulas que van al puerto, seguirá destripando las entrañas de la clase media forzada a usarlo. Aquarela no será derribado y estará allí como tributo a los torcidos exprimidores del alma cartagenera. Los últimos pisos del hospital universitario seguirán siendo la guarida de los murciélagos de Zaragocilla. Tener el primer colegio público con restaurante propio quedará en la risa de los contratistas, seguiremos respirando la tos negra de los buses viejos cuyas partículas tóxicas terminan en nuestros pulmones, y el embarazo en adolescentes seguirá galopando cual caballo cochero puyado con pringamosa. 

Pequeños cambios, estructurales o no, se necesitan para recuperar la ciudad. Pero esas señales de cambio no llegarán. Los dueños de la ciudad creen poder seguir la espiral de la miseria distrital por siempre. Tonterías, eso no funciona así. Más temprano que tarde, el cambio climático pasará la cuenta, y cuando los miles de personas que habéis confinado en la miseria tengan el agua al cuello, se meterán sin remedio en vuestros ranchos, y lo que llamaban patrimonio, se llamará daño colateral irreparable. 

Sé que pocos votan por obtener mejoras colectivas, tampoco por las propuestas, buena preparación o contra la corrupción. La solución no es sencilla y solo nos queda educar, pero la forma de hacerlo requerirá de todo nuestro ingenio antes de que la ciudad podrida nos convenza de que soñar con vivir mejor es imposible.

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