Columna


Ciudadano certificado

JOSÉ H. RIZO DELGADO

20 de enero de 2022 12:00 AM

La cultura ciudadana se ha vuelto tema diario en los círculos sociales e intelectuales de la ciudad, quejándonos de la mala educación, la falta de civismo, los abusos sobre los bienes públicos y privados, y la incultura en general. Con más detalle la lista es larga: botar basura en la calle y en las playas, cruce de peatones por cualquier lado de las vías y no por las cebras, parqueo de vehículos en vías principales, mala atención en despachos públicos y comercios, comportamientos vulgares y ordinarios en público, y un gran etcétera.

Se ha determinado que gran parte del problema está en la deficiente o nula educación en cultura ciudadana. Décadas atrás se enseñaba en los colegios la urbanidad de Carreño, en la que se aprendía el arte de ser un buen ciudadano. También existía la materia de comportamiento y salud, que enseñaba los valores de la familia, la patria y la sociedad. Estas valiosísimas herramientas de educación fueron suprimidas y es evidente que se perdió su efecto en la construcción de una buena ciudadanía.

En una de esas epifanías mentales que suceden a veces por generación espontánea, reflexionando sobre el problema de la incultura y la falta de civismo, me apareció una idea interesante: que las personas nos certifiquemos en ciudadanía. Es decir, así como las empresas se certifican en calidad, y se hace lo propio con los procesos de servicio al cliente y la fabricación de productos, los individuos nos certifiquemos como ciudadanos, después de recibir la capacitación en comportamiento y valores. Y la idea va más allá: implantar la obligatoriedad de hacerlo por parte de empresas e instituciones públicas y privadas, como requisito de entrada o permanencia laboral en las mismas.

Sería una efectiva forma de educar en cultura ciudadana donde, al hacerlo con el sector formal de la economía, que es el 50% de la misma, podría tener un efecto multiplicador a través del ejemplo con el sector informal.

Restaría entonces que se impulse la idea a nivel de administración municipal o de gremios productivos y, por otro lado, que instituciones educativas diseñen los cursos y capacitaciones que incluyan las diferentes dimensiones del comportamiento en sociedad como son: los modales en la mesa, la forma de dirigirse a los demás, el adecuado uso de los bienes públicos, la correcta conducción de vehículos, el respeto a los demás, sobre todo a los mayores, solo por mencionar algunas.

La idea se ha expuesto a algunas personas clave como para calibrar su importancia y esperando encontrar la mejor forma de impulsarla. Sin embargo, decidí exponerla por aquí, aprovechando esta inmejorable oportunidad de divulgación, a ver si aparece un apropiado lector que le llame la atención y aporte luces sobre su implementación.

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