Columna


Ciudadanos vigilantes

MARÍA CAROLINA CÁRDENAS

09 de enero de 2021 12:00 AM

Dolor, tristeza y hasta ira experimentó la población cartagenera recientemente frente a unas imágenes viralizadas en las que niños ingieren con destreza gran cantidad de licor bailando insinuantes con otros menores. Dentro de las reacciones estuvo siempre la condena a sus padres, a las autoridades de familia e incluso acusación de inoperante al actual gobierno distrital; días después seguro ya se habrá olvidado, como acostumbra la sociedad colombiana. Es cierto que los padres como representantes legales y custodios de los niños son los primeros llamados a responder frente a la seguridad de los niños, así como es indiscutible que los gobiernos alineados en unas claras y robustas políticas públicas dirigidas a la protección de la infancia darán una estructura y una ruta de atención que viabilice la eficacia de los derechos fundamentales de nuestros más pequeños; sin embargo creo fundamental recordar a quien lee estas líneas que somos igualmente responsables de estas situaciones frente a las que, en ocasiones asistimos como testigos silenciosos creyendo que no tenemos ninguna obligación al no ser hijos o familiares nuestros. La ley 1098 de 2006 en su ART. 10 dice: “La familia, la sociedad y el Estado son corresponsables en su atención, cuidado y protección”; y por tanto nos asiste un deber de denuncia que no podemos seguir ignorando. Niños maltratados, desnutridos, trabajando, pidiendo limosna o caminando en las noches y ¡no hacemos nada!, cómplices silenciosos en ocasiones, de estructuras criminales que como se ha descubierto alquilan los niños para su enriquecimiento. Somos un país, según la base de datos de la Fiscalía General de la Nación, con más de 82.603 procesos de inasistencia alimentaria por el abandono económico de los padres a sus hijos; y en el que adicionalmente los niños han sido las principales víctimas de un conflicto armado cruel, arrancados de sus familias, obligados a combatir, despojados de su dignidad y violentados de todas las formas posibles. Este panorama de la infancia es síntoma de una sociedad enferma y con profundos problemas sociales y económicos; por lo que se debe fortalecer la interdependencia, el sentido de pertenencia y trabajar en una verdadera corresponsabilidad. Levantemos el teléfono, acudamos a las autoridades, demos oportuno aviso, seamos ciudadanos vigilantes, entendiendo que los niños no son propiedad de sus padres, son nuestro más valioso tesoro como comunidad y debe ser nuestra verdadera prioridad. En palabras de Nelson Mandela: “El verdadero carácter de una sociedad se revela en el trato que da a su niñez” y “la Historia nos juzgará por la diferencia que hagamos en la vida cotidiana de nuestras niñas y niños”.

*Abogada con especialización en Derecho Constitucional y magíster en Derecho con énfasis en Derecho Empresarial y Contractual.