Co-operar

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El escritor Yuval Noah Harari, autor del ‘best-seller’ “Homo Deus. Breve historia del mañana”, intenta explicar a sus lectores en esta obra por qué los seres humanos dominan el planeta. La mayoría de los estudios cuenta el autor, le otorgan a nuestra inteligencia y habilidad para producir herramientas la razón de nuestro predominio. Pero Yuval discrepa; lo que realmente explica nuestra superioridad es poder co-operar de forma flexible con miles de desconocidos. Y así como la cooperación flexible nos puso por encima de los demás animales, comenta Yuval, también le facilitó victorias -y lo sigue haciendo- a grupos de humanos que se disputaban el poder.

En 1989, el dictador comunista de Romania, Nicolas Ceausesçu, organizó una gran concentración para demostrar la fortaleza de su dictadura. El partido de gobierno movilizó 80,000 personas hasta el centro de la capital y mientras el dictador daba su oratoria en un balcón, algo inesperado sucedió: una persona lo abucheó y luego otro y muchos más, hasta que 80.000 personas lo abuchearon simultáneamente. Este fue su último discurso, el día en que las masas se dieron cuenta que eran mucho más poderosas que él.

¿Y qué pasó una vez el poder ya no estaba en manos del dictador? ¿Pasó a las masas que lo destronaron? Resulta que las masas, aunque muy enérgicas, no sabían cómo organizarse. Quienes sí estaban muy organizados eran los comunistas menos radicales del partido de gobierno; estos se reinventaron para hacerse pasar por demócratas y terminaron poniendo presidente. Mientras en la Romania comunista el estado era dueño de casi todo, en la nueva Romania todo fue privatizado y vendido. ¿Adivinen a quién? A los amigos del nuevo presidente, quienes compraron las empresas del estado a precios ínfimos.

Y mientras leía la historia que les acabo de contar, una palabra me vino a la cabeza: Cartagena. Desde que regresé al Corralito de Piedra a vivir, he intentado conocer a las personas que trabajan por la ciudad. Me he encontrado con personas muy talentosas y con mucha creatividad; no todos son corruptos, ni perezosos, ni ninguno de esos adjetivos que solemos escuchar. Son muchos más los que quieren ver a Cartagena avanzar que los que se benefician de que todo permanezca igual. Pero, así como las masas en Romania no se supieron organizar, aquí la gente no parece quererse juntar.

Si Cartagena quiere generar un cambio real, es necesario que quienes lo quieren se unan y aprendan a cooperar. Enfrente tienen a un grupo muy bien organizado y con una ventaja: su único fin es el dinero (fácil), algo tangible y transable. En cambio, los que de verdad quieren ver a la ciudad progresar, tienen que ponerse de acuerdo no solo sobre el objetivo, sino también sobre los medios. A todos - candidatos, gremios, academia y sociedad - les hago una importante petición: ¡Únanse por favor!

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