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RAFAEL VERGARA NAVARRO

30 de octubre de 2021 12:00 AM

La alerta que lanzó BASIC al reafirmar que a consecuencia de la crisis climática en Cartagena, el nivel medio del mar en 2050 podría aumentar 26 centímetros y que la elevación llegaría a 1 metro en 2.100 por estarnos hundiendo, me hizo reflexionar qué tan responsables somos ante los límites requeridos y los riesgos presentes en una ciudad rodeada de agua, con lluvias más fuertes que amenazan e inundan, con deforestación y calores infernales, como sucede en el mundo que este lunes en Glasgow reunirá en la COP26 a las naciones y pueblos que buscan detener, sin justicia climática, el camino hacia el abismo al que empuja el poder de la competencia y la codicia, la hipocrecía que impide el triunfo de la humanidad y su esperanza de sobrevivir.

La descarbonización y el consumismo no dan más tiempo. La Organización Metereológica Mundial envió un mensaje contundente a los negociadores del cambio climático: “Si se mantiene el actual ritmo de aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero, el incremento de la temperatura a finales de este siglo superará de lejos el objetivo establecido en virtud del Acuerdo de París, de limitar el calentamiento global a 1,5 o 2 °C por encima de los niveles preindustriales. Estamos muy lejos del camino marcado”.

Los destinatarios de primera línea son los países que emiten 55% de los gases de invernadero: China (30,3%), EEUU (13,4%), India (6,8%) y Rusia (4,7%) y los demás que hoy saben que reducir emisiones a 2030 implica aumentar el esfuerzo por 7 en los próximos 8 años. Ello exige detener la brutal agresión a la naturaleza con la deforestación, la minería despiadada, la pesca de arrastre, la producción desregularizada. La adaptación y mitigación requieren sistemas industriales, energéticos, de transporte y edificaciones que superen la sostenibilidad retórica y que se cumpla con los fondos de inversión acordados.

En el país, activo participante de la COP26, la adaptación y mitigación del cambio climático es prioridad, al punto que está regulada por la Ley 1931 del 2018 y fue el objetivo central de la Cumbre del Sistema Nacional Ambiental que reunió a sus autoridades y centros de investigación, los que firmaron el Pacto de Acción Climática para unificarse y ser contundentes, también con metas a corto plazo de protección y restauración de ecosistemas, y en acciones de mitigación, adaptación, disminuyendo riesgos asociados a la crisis climática.

Si, llegó el momento de entender que el aumento del nivel del mar y la defensa de las barreras blandas de nuestros cuerpos de agua, significa prioridad del interés general sobre el individual, máxime cuando el derecho es cuestionado y se pretende que las autoridades por un concepto de Dimar o Edurbe incumplan su misión y autoricen la degradación de ecosistemas que por ley y sobrevivencia tienen que protegerse.

*Abogado ambientalista.

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