Colombia “mal parada”

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No hay malestar en la economía mundial o regional, que no se coja a Colombia “mal parada”.

En tanto nuestro modelo económico siga siendo el mismo, mayormente exportador de materias primas y extractivista, y su aparato productivo limitado y precario, es poco probable que vayamos a enderezarnos o a caminar erguidos, por muchas muletas de las cuales puedan echar mano los gobiernos a los que toque en suerte la cojera de la economía global.

Un día es la guerra comercial entre Estados Unidos y China; otro, la contracción de la economía alemana o el duro revés de Macri en las primarias de Argentina; luego, la devaluación del yuan para equilibrar los efectos producidos por la primera tanda de aranceles impuestos por Trump a los productos que entran al mercado americano procedente de China, entre unos cuantos de los tantos estornudos que suele emitir la economía mundial y que resfrían a Colombia y ponen a temblar su economía.

En cuanto a lo local, son cada vez más crecientes, entre otros, el déficit en la balanza comercial, igual que el fiscal y su mayor agregado, la deuda externa, cuyo desbocado crecimiento es una de las consecuencias del aumento de la tasa de cambio; así mismo, el desempleo galopante y su traumático efecto en la contracción de la demanda, en el aumento de los niveles de la pobreza y en la merma del crecimiento y calidad de vida de la clase media, tan publicitado como efímero.

Todo, nubarrones o tempestades, de común ocurrencia en el clima de la economía capitalista que, si bien son inherentes a esa formación económico – social, no es menos cierto que pueden ser modelados e intervenidos por la banca central de la nación, solo que en Colombia cuando tal ejercicio de corrección del rumbo de la economía se hace, queda siempre cojo porque se produce en una sola dirección. Y en virtud de los compromisos políticos del gobierno de turno con sectores clave de la producción, en la presente coyuntura el exportador, los cuales están determinados por el interés particular que conllevan los compromisos, y no el que en teoría corresponde a un manejo equilibrado e integral de la política económica en el que prime el interés general y superior de la nación.

Por ahora, y a contrapelo del mal manejo de la economía local, los hados de Duque, vía tasa de cambio, le han sido promisorios para cumplirles a los exportadores, sin parar mientes en el elevado costo social, además del fiscal, económico, tributario y monetario, que tan munífico albur para unos pueda traer a millones de colombianos en general y a la economía de la nación en particular.

Post scriptum: La Casa Blanca considera reducir los impuestos y los aranceles para evitar la entrada de Estados Unidos en recesión, El Espectador, martes 19 de agosto de 2019. Mejor dicho: el diablo bañándose en agua bendita.

*Poeta

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