Columna


Embarazo adolescente y pobreza: combinación devastadora

JESÚS OLIVERO

28 de enero de 2022 12:00 AM

Una de las grandes limitaciones de nuestra sociedad es la discriminación brutal frente a las mujeres, brecha que no cesa de crecer. Por lo general, son desplazadas de los cargos de envergadura, reciben menor salario en relación con los hombres, tienen menor acceso al trabajo y contra ellas la violencia física y química son inmisericordes. Si en conjunción con lo anterior, aparece un embarazo temprano, especialmente en las niñas de bajos recursos, las posibilidades de capacitarse desaparecen como el humo, lo cual sumado al nuevo papel de madre, comprometen ostensiblemente las oportunidades de desarrollo personal.

En Cartagena, la situación de pobreza convierte a esta problemática en un monstruo de muchas cabezas con crecimiento acelerado, pero desapercibido. A corto plazo, la miseria en la unidad familiar difícilmente mejora la situación económica con la llegada de un bebé, y en muchos casos, la incipiente familia entra a ocupar un nuevo espacio, ampliando los cinturones de miseria. Sin hablar de la alta probabilidad de que la joven asuma la carga total del nuevo núcleo monoparental, ante el hecho de convertirse en madre soltera.

A largo plazo, el panorama podría ser dramático. La evidencia científica señala asociaciones epigenéticas, es decir, cambios hereditarios causados por la activación y desactivación de los genes sin modificaciones en la secuencia del material genético, entre la malnutrición prenatal y la aparición de enfermedades en la progenie, tales como obesidad, diabetes, trastornos cardiovasculares, alteraciones neurológicas, incluyendo esquizofrenia, entre otras. Todo esto en la primera y en varias de las generaciones subsiguientes.

Nos guste o no la idea, independiente de la libertad de culto o pensamiento, frenar la explosión demográfica, particularmente en las adolescentes, es una tarea inaplazable y urgente. Necesitamos un plan, hablar del tema, realizar inversiones, pero, sobre todo, concientizarnos del peligro tan tremendo en el futuro cercano si a esta situación no le prestamos atención.

Las iniciativas de prevención deben originarse no solo desde el Gobierno, también desde la escuela y la comunidad misma. En media hora de lluvia de ideas saldrían cientos de buenas iniciativas. Para mencionar una, todas las niñas deben recibir capacitación sobre el tema, al menos una vez al año. Pero no de cualquier conferencista, debemos involucrar a mujeres exitosas, poderosas, inspiradoras, de las muchas paridas en Colombia, imanes de multitudes femeninas. Las niñas capacitadas recibirían una “tarjeta rosada”, con descuentos en librerías, museos, supermercados, cine y restaurantes, entre otros sitios. La tarjeta sería renovada con cada capacitación, hasta los 25 años, por decir un número, y perdería validez con el embarazo. Estoy seguro que nuestras instituciones tendrán mejores propuestas, pero por favor, ejecútenlas.

*Profesor.

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