Columna


Compromiso con la vida

HENRY VERGARA SAGBINI

15 de agosto de 2022 12:00 AM

Cambio 1 millón de cañones y media docena de ojivas nucleares por las sonrisas de mis nietos. Ofrezco en trueque mis manos y bolsillos rotos por el silencio eterno de fusiles y el destierro de la pólvora.

Aquí tienen mis ojos y oídos, cansados de ver espantos y escuchar gemidos de lágrimas. Vengan por mis sandalias desgastadas y, a cambio, devuélvanle a Juan y a Juana la tierrita donde cultivar, sin afanes, amaneceres, vituallas y beber el agua fresca que sudan las montañas. Entrego el rosario y el libro de misa de mi abuela Isabel, a cambio de sepultar misiles, esos que pulverizan seres humanos descalzos y estómagos vacíos.

Aquí tienen mis huesos, este corazón remendado, les encimo las entrañas de un soñador que siempre creyó en las causas imposibles. El compromiso es con la vida: declárenle, cuanto antes, la guerra a la guerra, a la injusticia, al saqueo, al despilfarro, al oropel, a los camaleones, a la infamia, a la muerte. Arrojen a los acantilados del infierno, fusiles, granadas, cañones y escuchen a los Gaiteros de San Jacinto y la sinfonía libertaria de los mochuelos mientras saborean un mote de ñame con aguacate en los Montes de María.

Dejen en remojo el camuflado y contemplen el desfile de canoas preñadas de mangos, custodiadas por taruyas y garzas, desde la albarrada en Calamar y su nostalgia de ferrocarriles y emigrantes... Arriben a Campeche y su diluvio de ciruelas multicolores; acampen en Palenque y sus tambores invictos y milenarios; diríjanse a El Banco (Magdalena) y, en lugar de fragatas con espuelas y garfios, acomódense en la piragua del maestro José Barros escoltada por ejércitos de estrellas y amores furtivos, camino a Chimichagua (Cesar).

Es hora de sacudirse de la pólvora, del odio genético, reclamando todo lo que nos dieron a manos llenas: selvas, montañas, ríos, mares y praderas, cediéndoles el turno a la justicia y equidad, a la palabra, a la reconciliación que anhelamos y merecemos después dos siglos de sables y fusiles.

Discernir entre lo sensato y lo insensato no precisa más leyes ni decretos, basta jurar, sin derecho a retractarse, que de ahora y para siempre, la vida es intocable sin importar que germine en este mundo cruel y desbalanceado, donde los gringos y europeos aportan sus insaciables narices y, nosotros, que se nos endureció el alma, calumniamos y, de nuevo, asesinamos al muerto.

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