Columna


Con la misma piedra...

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

14 de diciembre de 2021 12:00 AM

Lucio Anneo Séneca, o el joven Séneca, fue un prominente abogado y filósofo que integró la corriente estoica del pensamiento. A él se le atribuye la frase: “Errare Humanum Est, perseverare autem diabolicum, et tertia non datur” que traduce: “Equivocarse es de humanos, perseverar diabólico y no hay tercera opción”, el alcance de fondo es mucho más trascendente de lo que a simple vista se advierte, implica que, en medio de toda esa diversidad de rasgos comunes a los seres humanos, como tonos de piel, creencias, capacidad de razonar, lastimar, etcétera. La única característica uniforme a esta infinita multiplicidad de individuos es la tendencia a desatinar. Somos expertos en equivocarnos, errar es una particularidad que involucra neuronas, hormonas y que se hereda genéticamente.

Es común que en reinados de belleza e incluso en entrevistas laborales, ante la pregunta: ¿Cuál es su mayor defecto o debilidad? La respuesta recurrente sea “soy muy perfeccionista”; quien así piensa lejos se encuentra de acertar, ya que la perfección es esquiva al ser humano. Quien tenga como fin emprender una tarea con un resultado perfecto, asegurará el fracaso, porque esta no atiende matices, nada hay medianamente perfecto; un empleado perfeccionista nunca culminará su tarea ya que no logrará la perfección, en cambio le sobrevendrá la desesperación por no alcanzarla y es ahí donde se origina el enfado, la frustración y la inseguridad que nos lleva a sentirnos inútiles.

Ahora, la excelencia es diferente, no se debe confundir una con la otra; la perfección no es más que una utopía, mientras que la excelencia no solo requiere talento, sino que precisa labrar un arduo camino, quizás lleno de errores, porque no es mentira lo que afirma la sabiduría popular, “echando a pique se aprende”, los científicos emplean el error en su método heurístico, el proceso de caerse y levantarse no solo construye conocimiento, también nutre la sabiduría y, aun cuando emplea tiempo, este no es malgastado; la paciencia, perseverancia y constancia permitirán esculpir la roca más dura en arte y el anhelo más incierto posible.

A propósito de lo anterior, surgen varias inquietudes existenciales, pero, como quiera que se acercan las épocas electorales, me pregunto si estaremos cerca de la excelencia en nuestro rol como ciudadanos o definitivamente estamos en palabras de Séneca ante una “diabólica” testarudez en cometer el mismo error una y otra vez, al tener en consideración para nuestro voto, presiones mediáticas y manipulaciones populistas, tomando partido por bandos polarizados que exacerban odios y pasiones. La tarea no se está haciendo bien; a este punto urge tomar conciencia o por lo menos optar por dejar de quejarnos por la precaria realidad, ya que como dijo Joseph de Maistre: “Cada pueblo tiene el gobernante que se merece”.

*Abogado.

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