Corrupción

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

La corrupción siempre ha estado a la sombra de la función pública, aunque en Colombia es la política la que parece estar a la sombra de la corrupción. La última vez que hubo una moda anticorrupción como la que vive hoy el país se vio tras varios hechos, como la “Yidis-política” o “AIS”, del anterior gobierno. La diferencia entre esa ‘moda’ y la actual es que esta cuenta con una generación joven e informada que ahora puede votar. Para aprovechar la coyuntura es preciso entender a fondo qué es la corrupción.

Un corrupto opta por la “obtención de un beneficio privado desde la función pública” materializada a través de la burocracia. Ahora bien, mientras unos académicos la condenan relacionándola con bajos niveles de crecimiento, otros justifican el soborno como el mejor incentivo para movilizar la burocracia. ¿Fue Lincoln corrupto al sobornar a miembros del Congreso para aprobar la décimo tercera enmienda que terminó por abolir la esclavitud?

Lo cierto es que todos somos seres racionales; intentamos maximizar nuestro beneficio al menor costo para vivir más y mejor. Un país donde la mayoría del electorado ha sido pobre e ignorante y con una justicia laxa, incentiva a muchos a comprar esos votos y robar desde donde gane para poder seguir comprando, ya que las consecuencias, si es que llegan, nunca han sido proporcionales.

Pero así como es la racionalidad una característica humana, también lo es el aprendizaje colectivo, construyendo sobre los ensayos y errores de generaciones pasadas; así nacieron los Derechos Humanos después de la Segunda Guerra Mundial que hoy nos civilizan. Lo normal sería aprender del pésimo resultado de este sistema y evolucionar, pero no ha pasado. ¿Por qué? Pues pregúntense ¿le conviene a un político ilustrar al pueblo que compra para que este luego rechace la transacción? Esto sería irracional.

¿Es posible derrotar la corrupción? ¡Si!, y sobran países que la superaron para recordarnos. Endurecer sanciones funciona en el corto plazo porque el miedo desincentiva al corrupto, pero aplicándolas de manera justa; “para acabar con la corrupción hay que estar dispuestos a enviar a amigos a la cárcel”, dijo una vez Lee Kuan Yew, ex primer ministro y transformador de Singapur.

Medidas de corto plazo sobran y funcionan como control, pero tienden a estancarse. Acabemos el círculo vicioso, y, al igual que en la guerra, se logra no solo combatiendo de frente si no eliminando sus causas. El mejor antídoto anticorrupción es una población intolerante a ella, ha sido con programas de largo plazo que países evolucionaron mediante el aprendizaje colectivo, cultivando nuevas generaciones con mejores valores cívicos, atrayendo, en vez de espantar, a los mejores al servicio publico. Las sanciones pueden controlar una cultura de corrupción, pero una generación pulcra la reemplaza.

jaime.hernandez@sciencespo.fr

 

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Columna

DE INTERÉS