Columna


Cuarenta años del “esperpento”

HAROLDO CALVO STEVENSON

HAROLDO CALVO STEVENSON

06 de diciembre de 2019 12:00 AM

El próximo 12 de diciembre se cumplen cuatro décadas del inicio de las obras del Centro de Convenciones de Cartagena. En la mañana de ese día, en 1979, un enorme martinete hincó en el fangoso lote que había ocupado el viejo mercado de Getsemaní, frente a la Iglesia de la Tercera Orden, el primero de las decenas de pilotes prefabricados de 15 metros de largo que servirían de soporte a la edificación.

Con un área cubierta superior a 22.000 metros cuadrados, el CCC fue el primer moderno centro de congresos del país y una de las mayores obras de infraestructura turística en nuestro medio hasta entonces. De hecho, por sus muchos impactos, el Centro de Convenciones fue un hito en la historia económica de Cartagena.

Su construcción, que culminó en 1982, generó una importante inyección a la economía local. Financiada en su totalidad por el Fondo de Promoción de Exportaciones, tuvo un costo de $2.600 millones, equivalente a siete veces el presupuesto de Cartagena en 1980. Construirlo hoy, con sus acabados de gran calidad, costaría cerca de $400.000 millones.

El Centro tuvo un enorme impacto urbanístico pues renovó y revitalizó una amplia zona del sector antiguo, incluida la Avenida del Arsenal. Además, como sede de eventos y espectáculos, ha enriquecido la vida social y cultural de Cartagena.

El CCC convirtió a la ciudad en un importante destino turístico de congresos, lo que hoy compensa la estacionalidad de los visitantes de sol y playa. Con el tiempo, Cartagena ha ido desarrollando una amplia infraestructura para atraer ese turismo de negocios, lo que, a su vez, ha fomentado una mayor profesionalización de los servicios del sector.

El Centro tiene un significativo peso en la economía local. Según su “Informe de Gestión 2018”, el año pasado realizó 249 eventos con 232 mil asistentes. Un estimativo del gasto de una muestra de solo 43 mil de estos convencionistas no residentes en Cartagena arrojó una cifra de US$73 millones.

En sus orígenes, el Centro no estuvo exento de críticas. Quizás la más sonada fue la de Gabriel García Márquez, para quien el CCC era un “esperpento descomunal” que solo serviría para coronar reinas de belleza pues sus exigencias eran enormes frente a la pobre infraestructura local de entonces (el tamaño del aeropuerto, la estrecha malla vial, el mal servicio telefónico). No es del caso aquí discutir sobre preferencias estéticas en arquitectura, pero sí debe señalarse que el tiempo no le dio la razón a Gabo.

El CCC es, sin duda, uno de los motores que han jalonado la gran transformación urbanística y económica de Cartagena desde la década de 1980.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB o a sus directivas.

*Profesor Asociado, UTB.

TEMAS