Columna


Cultura en línea

LEONARDO ALBA MEJÍA

27 de septiembre de 2013 12:02 AM

En la rutina diaria de navegar por Internet pueden resultar igual de interesantes los prolijos argumentos de Vargas Llosa o las declaraciones poéticas de un usuario de Facebook. Hoy las voces suenan al unísono. Todos quieren decir algo. A veces resulta difícil sentir la satisfacción de un buen análisis. Pero aun así el conocimiento se democratizó y la banalidad muestra que no tiene límites. En ese contexto, ¿cómo lograr que el periodismo no sea sólo una obsesión por la verdad sino por hallar el ángulo adecuado para presentarla y que no naufrague entre tanto delirio informativo?

Esa pregunta logró resolverla la periodista Olga Lucía Lozano, editora creativa de “La silla vacía”, en el seminario convocado hace poco en Barranquilla por la Fundación Nuevo Periodismo. Según ella, el periodismo hoy debe integrar otras disciplinas y hacer partícipes a las audiencias, dándoles un espacio en que puedan contar su parte con calidad. Aún más, el periodismo está llamado a explorar caminos para hacer control social de los temas con que se compromete.

Esta nueva postura logra comprenderse muy bien en el Proyecto Rosa (www.proyectorosa.com), que es un ejemplo de periodismo de vanguardia. En esta iniciativa, se relata el diario de una mujer que lidera las causas de las víctimas en Colombia y se convoca a varios artistas que ofrecen su obra y creatividad para acompañar a Rosa Hernández en su tarea, y protegerla. El proyecto no se nombra con un titular sino con una plegaria: “por favor no dejen que nos maten”.

En el ejercicio diario de aprender a encontrar recursos técnicos y, a la vez, creativos, se hace necesario poner en diálogo diversidad de talentos y hacerlos confluir en proyectos comunes. Los técnicos encuentran el modo adecuado de hacer las cosas; los creativos y los generadores de contenido juegan con elementos dispersos, terquedades y conocimiento. En ese mundo paralelo de las redes virtuales en que se ensayan modos de relacionarse inéditos alrededor de un ideal, una tradición o una pasión artística, los periodistas seguimos siendo claves a la hora de pensar contenidos y seguirles la pista a asuntos que siguen siendo puestos en segundo plano.

Hay también temas que se relatan en otro ritmo, que el arte traduce en símbolos o que las comunidades y audiencias presentan con tal eficacia que retan al periodismo en su modo de ir por la verdad. En ese escenario de múltiples actores se abre el reto, no sólo de seguir cultivando los géneros clásicos del periodismo, sino de hacer una arqueología de la creatividad que nos dé las claves para decir las mismas cosas importantes, de otras maneras.

*Docente del Programa de Humanidades, UTB

COLUMNA EMPRESARIAL
LEONARDO ALBA MEJÍA*

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