Cultura “puya ojo”

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Por lo general cuando hablamos de corrupción, hacemos referencia a los políticos, pero no debemos olvidar que así como hay políticos corruptos, también hay “líderes corruptos”, o mejor conocidos como los “puya ojo”; que por cierto, es en esta época de campañas electorales donde ellos hacen su agosto.

Hace dieciséis años aspiré a ocupar una curul en el Concejo Distrital. Eran aquellas épocas de efervescente juventud en las que me creía la versión mejorada de Policarpa Salavarrieta dispuesta a salvar el mundo.

Entre las vicisitudes de esa maravillosa experiencia, recuerdo que recibí la visita de una señora de nombre María, quien se presentó como una de las líderes más influyentes del barrio El Pozón. Ella se sentó en frente de mí y me dijo: “Vamos al grano”. Mientras que abría un trajinado folder de cartón tamaño oficio de donde sacó varias hojas que contenían nombres, cédulas y lugar de zonificación de aproximadamente trescientos votantes.

“La cuestión es así, por estos votos yo cobro hasta un millón, pero ajá como es usted, se los voy a dejar en setecientos. Me da la mitad ahora y la otra mitad tres días antes de las elecciones”.

Ante esa oferta, yo la miré a los ojos y le dije: “Señora María, yo no tengo el dinero que usted me está pidiendo, pero le ofrezco algo mucho más valioso que ese dinero: le ofrezco mi amistad y el hecho de contar con una persona que velará no solo por sus intereses, sino también por el de todas esas personas que tiene en esos listados”. Ella recogió todas sus hojas, rodó la silla con rabia, se puso de pie y me dijo: “Ustedes los políticos qué carajo se están creyendo, que uno les busque los votos tras de na´, mandan huevo si creen que uno les va a trabajar gratis. Porque cuando ustedes se montan y se entulan robando, allí sí que ni lo determinan a uno”.

Al día siguiente, recibí una llamada. Se escuchaba una voz muy compungida: “Doctora, no sé si me recuerda, yo hablé con usted ayer, soy María la líder de El Pozón”. Le dije: “Cómo olvidarla señora María”. “Doctora, ayúdeme, se lo ruego, mi hijo, mi único hijo, lo tienen preso en el cuartelillo de Olaya”. Me decía entre el llanto y con la angustia que puede sentir una madre al ver a su hijo preso.

No solo fui a verlo, sino que lo asistí en indagatoria (se le imputaba un delito que no cometió) y al mes salió de la cárcel. Ese día, ella me abrazó llorando y yo le dije: “Esto es para que entienda que cuando el político paga por el voto, hasta allí llegó su compromiso con ustedes, y si yo le hubiese dado a usted esa plata, hoy no estuviera aquí”.

Moraleja: la corrupción comienza en las campañas. Pregunten quién financia al candidato y sabrán para quién gobernará.

*Rotaremos este espacio para mayor variedad de opiniones.

*Abogada y analista política.

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