De Atenas a Cartagena

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En la mitología griega el fuego fue un regalo que Prometeo dio a la humanidad, hecho por el cual pagaría un terrible sufrimiento. Por el contrario, podríamos decir que la democracia es un regalo que la humanidad se ha dado a sí misma, tras siglos de luchas y sufrimientos.

Así como el fuego, la pintura o la escritura, la democracia fue inventada más de una vez y en más de un lugar. A los atenienses del siglo V a. C. se les debe la invención del nombre, pero como práctica, existió en sociedades tribales anteriores, si la entendemos como forma de gobierno en la que una buena parte de los miembros de una comunidad participa en los procesos de toma colectiva de decisiones, no siendo estas impuestas por un individuo o una minoría.

La democracia no fue un invento occidental. Valores y prácticas democráticas existieron a lo largo de la historia en distintas sociedades. Paralelamente a la democracia ateniense aparecieron lo que científicos sociales llaman protodemocracias en ciudades-estado sumerias, Asía Central y el norte de la India en el siglo V a. C. Mientras la democracia ateniense y la Roma republicana sucumbían, prácticas democráticas perduraron entre los siglos VI a. C. y III d. C. en los concilios budistas celebrados en las regiones indias de Rajgir, Cachemira y Patna.

Incluso durante la Edad Media evolucionaron prácticas democráticas. Los vikingos establecieron imponentes asambleas representativas en Escandinavia e Islandia entre los siglos V y X d.C, y ciudades-estado en Italia, Países Bajos y Flandes diseñaron asambleas locales entre los siglos XIII y XVI d. C. Igual lo hicieron aisladas comunidades campesinas en la región de los Grisones en los Alpes suizos.

Para los siglos XVIII y XIX d. C. aparecería lo que conocemos como la democracia moderna, hija de las revoluciones burguesas en Inglaterra, EE. UU. y Francia. Pero incluso, esta todavía era muy excluyente, pues, al igual que en las protodemocracias, mujeres, esclavos y extranjeros no podían participar, solamente hombres mayores de edad, educados y con cierto nivel de renta. Producto de muchas luchas los sectores excluidos (proletarios, campesinos, mujeres, afros, indígenas, entre otros) fueron conquistando más y más participación. Ya sea con revoluciones o reformas la democracia se fue ampliando.

Pero como todo regalo, se puede averiar, extraviar u olvidar. En las próximas elecciones del 27 de octubre es bueno recordar que para que la democracia funcione y no sea cooptada por elites corruptas o líderes populistas, la historia enseña que la ciudadanía debe movilizarse y participar de manera masiva, libre e informada. Pues, al igual que el fuego prometeico, la promesa democrática también puede apagarse.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades, UTB.

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