Columna


De la estupidez a la locura

CARMELO DUEÑAS CASTELL

05 de enero de 2022 12:00 AM

Nació un día como hoy, hace 90 años. Es más conocido por “el nombre de la rosa”. Tengo para mí que su libro póstumo es su mayor legado. Crónicas seleccionadas por el mismo Umberto Eco antes de morir y reunidas bajo el título ‘De la estupidez a la locura. Cómo vivir en un mundo sin rumbo’. Profesor de semiótica durante más de 30 años Eco aborda los temas de siempre como el odio, el amor, la vida y la muerte, pero, también, cuestiona las redes sociales, las formas de racismo y la educación.

En el prólogo Zygmunt Bauman, padre de la modernidad líquida, afirma que nuestra aldea global ha transmutado. La otrora sociedad sólida y sedentaria se ha convertido en un errante nómada que fluye y cambia de trabajo, estado civil, nacionalidad, sexo y demás como de vestimenta o enseres. La humanidad fluye de manera tan voluble que reemplaza conceptos como estado, nación, ciudadanía, valores y verdades por multinacionales, el egocéntrico individualismo, las redes sociales y los “me gusta”. La fluidez convierte ese obscuro objeto del deseo de hoy en algo obsoleto mañana. Es lo que Eco llama la “bulimia sin objetivo” en una “orgía del deseo” por tener lo que no se tiene en desmedro de lo que ya se obtuvo. Los beneficiarios de la modernidad líquida, verdaderas meretrices, la promueven sabiendo que la fluidificación de costumbres, normas y leyes hace desaparecer obstáculos y facilita pingues ganancias.

La vida líquida permea todo. Una sociedad viviendo al borde la cornisa, sin esas otrora barreras de protección diluidas en la pérdida de integridad moral. Pasamos del olvido que seremos al olvido del ser, abandonándolo, junto a principios y valores, en el cuarto de san Alejo.

Heráclito decía que nunca nos bañaríamos dos veces en el mismo río para demostrarnos que todo cambia, tanto el río como nosotros. Ese concepto proactivo exalta el cambio como herramienta de crecimiento e innovación y dista mucho de la etérea y voluble levedad de la modernidad líquida. Y la existencia no está en el ser sino en parecer. La vida no se vive, se muestra; la apariencia es todo y esta a su vez cambia. La existencia no está en la vida sino en cómo la ven los demás. Lo dice magistralmente Eco: “tuiteo, luego existo”.

La pandemia nos mostró un mundo sin rumbo viviendo en el limbo. Enfrentados a la mayor amenaza contemporánea la solidaridad y la respuesta unificada como especie fueron ilusión de un día.

Aún hoy, dos años después, la estupidez nos hace olvidar la aplastante evidencia de la eficacia y seguridad de las vacunas mientras que la locura nos lleva a olvidar las medidas sanitarias que nos permitirían la reactivación económica y volver a la tan anhelada “normalidad”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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