¡De película!

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Inaugurado el pasado miércoles, el FICCI ha entrado en su versión 57. ¡Cuánta energía ha dispuesto la ciudad para alcanzar este logro! Es preciso aprender lecciones de este festival de larga trayectoria que bien ha sabido hacerse a pesar de las dificultades que nunca han dejado de existir. Es un ejemplo de gestión que supo, en su momento, modernizarse y reacomodarse a las condiciones reales de la ciudad y el país.

Cuando se defiende lo propio, como se ha hecho de manera incansable para salvar este festival, no se hace negando la posibilidad de colaboración y apoyo de organizaciones nacionales e internacionales. El FICCI, a partir de las dinámicas endógenas, ha concitado la vinculación de entidades y personas que con su apoyo a la organización y a la financiación lo hacen posible de la mejor forma cada año. Estamos en una ciudad abierta al mundo, en una ciudad representativa de la nación, y por lo tanto el reconocimiento al FICCI es también un reconocimiento a esa posibilidad de trabajar de puertas abiertas y de convertirse, con sus implicaciones, en un evento cultural de primer orden en el plano nacional.

Admirables han sido las decisiones tomadas en los últimos años. La ampliación del cine en los barrios que cuenta con buen respaldo de la empresa privada; la conversión de la oscura noche cartagenera en el telón de fondo de proyecciones del cine universal; la gratuidad de sus funciones; la diversidad de espacios; su cobertura y asistencia de público; la modernización de su imagen; que Gobernación y Alcaldía lo apoyen. En fin, un festival como lo querían don Víctor Nieto, Jorge García Usta, Víctor Nieto Jr. y Emery Barrios, entre tantos que ya han partido de este mundo dejando su generosa herencia.

Hay una atmósfera en este festival que lo hace particular. La ciudad lo siente suyo y lo disfruta. Es para la ciudad y sus invitados. No excluye. No tiene ese toque elitista que tanto molesta de otros eventos. A pesar de que, como es obvio, recibe producciones de todo el mundo, no se percibe como “importado”, pues ha logrado preservar ese rico sabor local. Sin localismos inútiles, es muy cartagenero.

Ojalá este año también le vaya bien. Que la gente vaya a cine, que los cinemas y teatros se llenen. Que muchos niños y niñas se lo gocen y descubran muchos mundos posibles. Que se recorra la ciudad, de aquí para allá, buscando la película de sus preferencias o asistiendo a algún evento académico o de la industria. Que se hable de cine.

La edición 60 llegará muy pronto y no hay que esperar el año anterior para empezarla a pensar desde los barrios, desde las escuelas y las empresas, con los amantes del cine y del festival, con los niños, los jóvenes, los mayores y los más mayores. Sólo faltan 3 años para hacer la mejor celebración: ¡De película!, como se lo merece.
*Columnista semanal

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