Columna


Decálogo de la democracia y el embudo

HENRY VERGARA SAGBINI

25 de octubre de 2021 12:00 AM

I. Ama al Dios de la Justicia y la Equidad sobre todas las cosas. II. No imites a los prometeros que anhelan el trono para engordar su chequera. Verifica que tus palabras sean del mismo calibre de las obras prometidas.

III. No permitas que la contienda electoral la conviertan en gallera.

IV. Honra a los electores como a tus padres, sin esconder los contenidos de tu alma y maleta.

V. Valora la vida como el don más preciado, y no le hagas a otro lo que no quieras que hicieran contigo.

VI. Respeta las leyes por duras que sean.

VII. No olvides que lo ajeno tiene dueño.

VIII. Promulga siempre la verdad, sin maquillaje, tachaduras ni borrones y, si pides u otorgas perdón, hazlo humildemente, no de colmillos para afuera.

IX. Mantén en urna de cristal las viandas, la salud, el techo, la educación, el bienestar del pueblo y no marchitarás esperanzas ni atizarás hogueras.

X. Despójate de tu piel, conviértela en alfombra para que no se manchen las sandalias de los desprotegidos.

PD: Más de medio centenar de ariscos corceles ya están en sus casillas, rumbo a la Casa de Nariño. Uno de ellos es el doctor Alejandro Gaviria Uribe, académico, economista, escritor de renombre, exministro de Salud.

Nadie es perfecto, ni siquiera el dr. Gaviria. Durante su gestión ministerial permaneció intacto el viacrucis de niños y jóvenes afectados de cáncer, a quienes las EPS, sistemáticamente, ponen barreas de espinas sin ministro, Dios ni leyes que los defiendan.

Altruista y milagrosamente apareció la doctora Margarita Rey, en Washington, protegiéndolos con Medidas Cautelares ante la CIDH.

Aún duele en el alma la tragedia de Camila Abuabara, de 25 años, la misma edad de Gabriel Elías, mi tercer hijo. Camila sucumbió después de una lucha desigual contra la agresiva leucemia y el despiadado sistema de salud. “¡No mate a Camila, ministro!”. Gaviria se opuso a pagar un novedoso y prometedor trasplante de medula ósea en centro hospitalario de Houston, con la excusa de sentar un miserable precedente, “deteniendo, en seco, la avalancha de costosísimos tratamientos a cargo del gobierno colombiano,” campeón mundial de la corrupción, capaz de desaparecer, impunemente, la bicoca de 50 billones de pesos al año.

La vida nos da sorpresas. Al flamante ministro le detectaron cáncer linfático, curado gracias a tratamiento ipso facto, sin límite de chequera: ‘La Ley del Embudo’. Dr. Gaviria, no cuente con mi voto.

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