Defaunación y hambre

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Sobrevivir en este pequeño planeta es cada día más difícil, tanto que deprimen los datos científicos, aunque debamos inflarnos de optimismo y contemos a los estudiantes que a pesar de la realidad, su trabajo, esfuerzo y dedicación, son la única esperanza de cambio para mucha gente. Toca recoger la toalla tirada y seguir adelante, una y otra vez.  

La revista Science señala que 322 especies de vertebrados terrestres se extinguieron desde el año 1500, con una reducción del 25% en las que aún subsisten. Entre los invertebrados es más dramático: 67% de las poblaciones monitoreadas disminuyeron en promedio 45% en su abundancia. Estos hallazgos son parte de la defaunación del antropoceno, una característica sólida de la sexta extinción en masa de la historia del planeta.

Pero no le importa a nadie. Sin dejar parches forestales sostenibles, tumbamos todo para sembrar cemento, canchas de golf o edificios en zonas inundables: visiten Serena del Charco; los nuevos complejos habitacionales del manglar del Cabrero o de Barú, por mencionar casos locales. Pero la realidad es sepulcral: más de 40% de las especies polinizadoras, en especial abejas y mariposas, abundantes en los bosques, se extinguen, y debería importarnos porque casi 90% de las plantas que florecen dependen de la polinización. Sin esta no disfrutaríamos un café, chocolate o el jugo de mango, entre casi todo lo que es alimento vegetal. Menos insectos significa menos alimento y más hambre, en un planeta cuya especie dominante crece como arroz.

Otro problema es nuestra ignorancia sobre los insectos. Sólo 20% de las especies del planeta están catalogadas, y muy pocas del bosque seco que desaparece entre Cartagena y Curramba. A esto se suma nuestra ignorancia sobre la simbiosis entre insectos y plantas. Destruir el hábitat de los insectos y el de nuestros demás acompañantes en el viaje interestelar del punto azul llamado tierra, es una de las causas de su declive, pero otros factores humanos conspiran de igual forma: los pesticidas, en especial los neonicotinoides; la agricultura intensiva adicta a fertilizantes; y los gases invernadero.

No reunamos más evidencia de la extinción. Actuemos: no talemos bosques, sembremos más en las ciudades y hagámoslas más compactas. No a la conurbación con Barranquilla, dejemos amplios bosques de amortiguamiento, con muchos servicios ambientales. Exijamos corredores biológicos por doquier, limitemos plaguicidas y monocultivos, protejamos los ecosistemas, al menos como estrategia para frenar el hambre.  

*Profesor

JESÚS OLIVERO*
@joliverov

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