Defender la Paz

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Ojalá pudiéramos detenernos un instante a pensar qué nos dice el desgarrador lamento del niño que acaba de ver a su madre siendo asesinada.

Las emociones que cada uno de nosotros siente cuando ve (o cuando decide no ver) el video, sean las emociones que sean, son reales y son importantes. Y está bien sentir cosas en un país que pareciera querer obligarnos a tragar todos los días una anestesia emocional frente al dolor de la violencia.

Una vez reconocemos en nosotros las emociones que sentimos al ver el dolor del niño del video, y que nos conectan con él mediante un profundo nexo de empatía, ¿podemos también proyectar esas emociones y expandir nuestra empatía, más allá de la vívida representación de un video, para conectarnos de esa misma manera con el dolor profundo de cientos de miles de hijas e hijos de cientos de miles de personas que han sido brutalmente asesinadas durante años y años de conflicto armado?

Ojalá pudiéramos detenernos un instante a sentir qué nos hace sentir el dolor de todas nuestras víctimas.

No habían pasado siquiera unas cuantas horas tras el asesinato de la madre del niño del video, lideresa social desplazada del Cauca hacia Córdoba por amenazas contra su vida, para que algunos, los de siempre, comenzaran a poner en duda su liderazgo social y las amenazas que circularon contra su vida antes de que fuera asesinada.

Ojalá pudiéramos detenernos un instante, antes de reaccionar automáticamente desde el instinto de nuestra identidad política. Podríamos evitar caer en esas trampas.

No hace ni tres años que se firmó, pese a esas trampas, un Acuerdo de Paz que ha logrado disminuir enormemente la muerte y el dolor en muchos territorios azotados por la guerra. Firmar la paz fue un gran paso en el largo camino que aún nos queda por recorrer para construir la paz.

Pero no había pasado siquiera un año de firmado el Acuerdo cuando una coalición de políticos en el Congreso, pensando ya en las elecciones, logró bloquear la posibilidad de que las víctimas y los líderes sociales pudieran llegar al Congreso.

Así, comenzaron a tratar de “hacer trizas” la implementación de los compromisos previstos en el Acuerdo, que habían sido pensados precisamente para seguir avanzando en el camino de la construcción de paz: la reforma rural, la apertura democrática, la innovación inteligente en la lucha contra las drogas, la protección de líderes sociales, el desmantelamiento de los grupos paramilitares y la aplicación efectiva de la justicia transicional.

Ojalá pudiéramos detenernos un instante a conversar sobre las razones para defender la paz.

*Coordinador del Grupo Regional de Memoria Histórica UTB.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

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