Déjà vu

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Cuando comencé a escribir esta columna me pregunté: “¿Esto ya no lo había escrito?”. Entonces me respondí: “¡Claro que sí! Y fue hace poco, quizás un año”.

Pues bien, pareciere que los cartageneros estuviéramos destinados a repetir la misma historia una y otra vez, a dar vueltas como una mosca atrapada en un frasco sin encontrar una salida.

Aún no hemos superado las consecuencias administrativas, institucionales y políticas que nos ha traído la interinidad de más de diez alcaldes en los últimos ocho años, cuando a portas del próximo debate electoral de este 27 de octubre, nuevamente los cartageneros nos encontramos ante la incertidumbre de candidaturas presuntamente inmersas en causales de inhabilidad y fuertemente cuestionadas.

Desde el punto de vista jurídico, es importante acotar que existe inseguridad con relación a la forma como se valoran las inhabilidades, donde incluso la propia jurisprudencia ha tenido posiciones diferentes con relación a ellas. Por tanto, no es posible establecer con certeza si un candidato (a) está o no inhabilitado (a), mientras no exista un fallo judicial que así lo determine.

Lo cual nos va a conducir a lo mismo, que dentro de los 30 días de ser elegido (a) alcalde o la alcaldesa, cualquier persona podrá solicitar la nulidad de esa elección (como literalmente lo expresa la norma).

Ahora, la pregunta que muchos se pueden estar haciendo es: Ombe, pero si ya pasamos por eso, ¿por qué los partidos políticos insisten en avalar este tipo de candidaturas?

Porque sencillamente les importa un comino la ciudad, y esa es la estrategia: que una vez producida la destitución del elegido (a), ellos enviarían una terna de candidatos, y así continúan con el poder en sus manos, a merced de sus propios intereses.

Entonces aquí me permito cortar y pegar unas líneas de la anterior columna que aún tiene vigencia: “Más allá del análisis jurídico en torno a las inhabilidades, lo que debemos preguntarnos a conciencia, es si Cartagena está en condiciones de asumir nuevamente ese riesgo”.

Y termino con una reflexión basada en la frase final de la novela más famosa de nuestro nobel de literatura: “Las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.

¿Será que los cartageneros también estamos condenados a cien años de desgobierno? o por el contrario, tenemos una segunda oportunidad de sentir que esta ciudad nos pertenece y unirnos en torno a un liderazgo que nos genere confianza y nos inspire a construir esa Cartagena que anhelamos.

*Abogada y analista política

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Columna

DE INTERÉS