Del Mohán al genoma H.

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Cartagena de Indias desde su fundación, el 1 de junio de 1533, fue y es un lugar muy peligroso para conservar la vida y la salud.

El tifo, viruela, sarampión, dengue, paludismo, leishmaniasis, disentería, cólera, neumonía, atemorizaban más que una legión de piratas. La mala noticia es que la mayoría de esas plagas que nos azotaron sin clemencia en el siglo XVII, hoy están de regreso, con afinada puntería y renovada virulencia: son las llamadas ‘Enfermedades emergentes’.

Surgieron entonces mohanes, curanderos y adivinos, quienes intentaban, como ahora, aliviar los males o, al menos, devolvernos la esperanza. Buscando una visión más optimista del presente y el futuro, acudí al doctor Orlando Navarro Ulloa, asegurándonos de que los avances tecnológicos, como los Superhéroes, llegarán al rescate.

Los progresos que tendremos en los próximos veinte años –certifica este prestigioso cardiólogo y científico cartagenero– superarán los obtenidos en los últimos dos milenios, pues desde la descodificación del Genoma Humano se generaron sorprendentes transformaciones en la forma de prevenir y tratar, no solo las enfermedades, también el enviciamiento, mediante aplicaciones, a muy bajo precio, asequibles en todos los rincones del mundo. Obtendremos información sobre los riesgos genéticos y la capacidad de nuestro organismo para responder o no a medicamentos específicos. Incluso, cambiará drásticamente la forma de examinar al cuerpo humano y hacer diagnósticos precisos.

Los marcapasos, cardiodesfibriladores, bombas de infusión para los diabéticos y otras enfermedades, serán dispositivos de pocos milímetros con capacidad de generar su propia energía. El cáncer, las devastadoras quimios y radioterapias serán historia patria, pues de antemano obtendríamos la información de quién estaría predispuesto, genéticamente, a las distintas enfermedades malignas. Los teléfonos celulares desaparecerán remplazados por nano-dispositivos implantados en nuestro cuerpo, monitoreándonos las 24 horas del día, detectando arritmias, infartos, apneas; llevando registros confiables de nuestra glucemia, colesterol, electrolitos, oxígeno, hormonas, neurotransmisores del sueño, la felicidad, ansiedad, depresión, curando el Alzheimer y todas las demencias.

Entonces pregunté al doctor Navarro: ¿Seremos inmortales?

Las muertes serán violentas –respondió mi ilustre colega–, provocadas por las infaltables guerras o los absurdos accidentes de tránsito.

De vuelta a la cruda realidad que nos agobia, aquí, en el reino de las estíticas EPS, seguiremos aferrados al ‘todo poderoso’ Ibuprofeno y a los milagros del Agua Bendita.

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