Columna


Deliberación de saberes

PABLO ABITBOL

04 de agosto de 2023 12:00 AM

Uno de los aprendizajes más importantes derivados de los procesos de investigación conducidos durante los últimos diez años desde el Grupo Regional de Memoria Histórica de la Universidad Tecnológica de Bolívar es que reconocer y valorar la diversidad de saberes –científicos, humanísticos, ancestrales, comunitarios, poblacionales, personales– es la pieza clave para generar conocimientos que permitan la comprensión de los problemas socio-ambientales y el mejoramiento de la calidad de vida de las personas que habitan nuestros territorios.

Una mirada exclusivamente académica, gremial o burocrática de cualquier asunto, no sólo es insuficiente, sino que, además, suele producir estrategias erradas, intervenciones dañinas, resultados contraproducentes e impactos negativos.

Como el conocimiento es poder, la creación de conocimiento es ineludiblemente política. Por ello, cuando privilegiamos una única mirada, tanto para construir el diagnóstico de un problema como para diseñar soluciones, lo más probable es que también estemos privilegiando los intereses de quienes tienen los recursos para que su visión prime sobre las otras. Ello no solo produce resultados injustos, también genera comprensiones erradas de la realidad.

No hace mucho circuló una invitación a un panel sobre salud sexual y reproductiva en el que no participaban mujeres. Así mismo, se hacen foros sobre macroproyectos que tendrán tremendos impactos sobre territorios cuyos pobladores no tienen voz, y se plantean políticas públicas sin la participación de quienes se verán afectados por ellas, sólo por “expertos”.

Es vital que nos tomemos en serio el diálogo de saberes.

Sin embargo, tienden a surgir también posturas equivocadas cuando por diálogo de saberes ciertos académicos asumen una postura según la cual el único saber válido es el de “las comunidades”. Con grandes aspavientos reniegan de sus teorías, métodos y acervos de conocimientos simplemente porque vienen de la academia. Ello a su vez alienta un discurso de desdén y desconfianza contra la ciencia y la técnica. Como dijo alguna vez el maestro Orlando Fals Borda: “El pueblo nunca se equivoca es una de las falacias más socorridas por revolucionarios desorientados”.

Debemos transformar el diálogo de saberes en una deliberación de saberes: una conversación verdaderamente entre iguales que reconozca y valore lo que cada cual puede y debe aportar para la construcción de acuerdos argumentados sobre la base de saberes contextuales y experiencias propias y orientados por el bien común.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor del Programa de Ciencia Política y RR. II., UTB.

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