Democracia ¿buena o mala?

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Son muchos los que han manifestado que la democracia es el “menos malo” de los sistemas y la salvación de los gobiernos tiránicos. Hoy la democracia está en crisis, la gente dejó de creer en sus dirigentes. Si queremos rescatar la democracia, empecemos por reconocer sus tres errores principales: populismo, mercantilismo, e ineficiencia.

Para poder hacer algo en política hay que tener poder, para tener poder hay que ganar, y para ganar en una democracia hay que ser popular. El problema de la popularidad es que en sociedades inmaduras o incultas puede convertirse en populismo. Si para alimentar a su bebé la mamá le ofrece brócoli mientras el papa un “bom bom bum”, muy seguramente el bebé preferirá a su papá. Pero si cambiamos al bebé por un joven sereno y educado, lo más probable es que escoja el brócoli. Lo mismo pasa en una democracia; los políticos se esmeran por endulzar a un público para ganar popularidad en vez de ofrecer algo útil, porque si no ganan, no tienen nada.

Ganar popularidad requiere de una campaña, y las campañas son caras. Coca-Cola invierte en campañas para vender más y luego recupera su inversión, pero en política eso es tanto ilegal como inmoral. Además, si creen que comprar un voto es caro, lo es mucho más intentar persuadirlo. ¿Cómo se convence a una persona que vive con 4 mil pesos diarios, sin servicios públicos ni educación, sobre la necesidad de invertir en energías alternativas? Difícil. Por eso los políticos; o son millonarios que no les duele invertir en su campaña, o roban para poder seguir comprando votos, o aceptan plata de algún rico que los obliga a representar sus intereses. Las excepciones a esta regla son pocas.

Una vez se gane, toca poner de acuerdo innumerables intereses; hacer lo contrario sería una dictadura. Esto lleva a un engorroso proceso de concertación que muchas veces, una vez concertado, el problema sobre el que se debatía ha cambiado o dejado de existir. Estos procesos de concertación son, además de lentos, extremadamente costosos, y estos costos vienen de los bolsillos de todos.

Pese a todo esto, la democracia sigue siendo el mejor de los sistemas, no por sus mecanismos, sino por sus principios; dialogar en vez de agredir, entender en vez de rechazar, converger en vez de dividir, debatir en vez de imponer, y liderar en vez de mandar. La democracia, más que un sistema, es una forma de pensar; nos deja ver que no estamos solos en esta travesía de la vida y que son muchas más las cosas que nos unen a las que nos dividen. Con democracia podemos construir un mundo en que todos quepamos y superar la primitiva ley del más fuerte.

Por eso los políticos; o son millonarios que no les duele invertir en su campaña, o roban para poder seguir comprando votos, o aceptan plata de algún rico que los obliga a representar sus intereses. 

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