Columna


Democracia deliberativa

MARÍA CAROLINA CÁRDENAS R.

17 de octubre de 2020 12:00 AM

Noto con preocupación en reuniones sociales, laborales y familiares, cómo, a causa de la profunda polarización que vivimos, se da una reacción automática de etiquetar a las personas en una posible inscripción ideológica entre derecha e izquierda y con desconfianza identificar si el interlocutor es simpatizante o enemigo. Hay quienes incluso manifiestan no reconocer la Constitución actual como legítima, por la participación de algunos personajes en la asamblea nacional constituyente de 1991. Sin embargo, es posible que aún gran parte de la ciudadanía conserve la pretensión de un estado cimentado sobre las bases del principio democrático; y si bien es cierto el texto constitucional lo hizo en términos amplios, sin escoger un modelo concreto, también es claro que estos no se excluyen entre sí, y que debe encaminarse a su articulación y armonización (C-105/2013). Por lo anterior, considero que podría ser la Democracia deliberativa una posible respuesta para propender por algo de cohesión social; dado que esta busca que en el proceso de toma de decisiones se dé un diálogo inclusivo, para que, desde una posición de igualdad se escuche a todos los que disienten y piensan distinto logrando decisiones justificadas ganando algo de imparcialidad frente a la misma (Habermas, 1996). En otro sentido, la denominada “democracia deliberativa” afirma que no solo se debe tener en cuenta el querer y el interés general expresado mediante el sufragio, sino, fundamentalmente, la deliberación colectiva que antecede a dicha expresión, y, muy especialmente, los procedimientos que canalizan la discusión y el debate público. No es el voto en sí mismo lo que le confiere valor a la organización política, sino la forma en que se conforma la voluntad, a través del diálogo y la discusión colectiva (Gargarella, 1996). Creo que debemos generar un compromiso desde nuestra cotidianidad y aplicarlo en el ejercicio de nuestros derechos de participación política cooperando en la construcción de un país más robusto desde la escucha activa y el respeto por el otro para la reformulación constante de nuestro sistema. Con el convencimiento de que esta actitud cívica nos permitirá beneficios como conocer información novedosa, corregir errores a partir de la crítica que recibimos, plantear de forma más clara nuestras posturas para que sean comprensibles y aceptables para todos, de esta manera nos obligamos a pensar cómo mi idea podría impactar a los demás y cómo perciben la misma situación. Sin duda esto ayudaría a reconocer en el otro un coequipero en la solución del problema, no un enemigo; y despersonalizando la disputa lograríamos que ganara el mejor argumento, o mejor solución y no el mejor “contendor”.

*Abogada con especialización en Derecho Constitucional y magíster en Derecho con énfasis en Derecho Empresarial y Contractual.

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