Derecho al futuro

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Cuando en una encuesta global les preguntaron a los de la generación “ Y “, la generación de los “millennials”, ¿cuál era su más inquietante preocupación?, más del 48% contestó el calentamiento global y el cambio climático, el 38.8% las guerras, el 30% la desigualdad y discriminaciones, el 29.2% la pobreza, el 23.9% las guerras religiosas, 22.7% la corrupción y falta de transparencia de los gobiernos, el 18.2% la inseguridad alimentaria y la propiedad del agua, el 15.9% la falta de educación, 14.1% la salud, seguridad, bienestar, 12.1% escasas oportunidades y desempleo.

Una de las huelgas más importantes de la historia de la protesta callejera ha sido esta inspirada por una estudiante sueca de 16 años, Greta Thunberg, ahora nominada al premio Nobel de Paz.

Esta joven comprometida con el planeta se hizo famosa por haber comenzado unas jornadas de protesta en frente del parlamento de Suecia, distribuyendo volantes en los que se acusaban a los adultos de estar escupiendo sobre el futuro de los jóvenes.

La protesta siguió: antes en el marco de la COP 24 sobre los cambios climáticos en Polonia, después en los auditorios del Fórum Económico de Davos, en Suiza, la tenacidad de Greta que siguió protestando todos los viernes se trasforma exponencialmente en un movimiento global inspirando a los estudiantes de 113 países del mundo a protestar contra la crisis climática y la falta de acción de los adultos y sobre todo haber llevado la protesta ambiental a un boom de atención mediática como no había pasado antes.

Los jóvenes han demostrado un comportamiento cívico y al contrario de los adultos han protagonizado una marchas multitudinarias sin la mínima violencia, sin un dime o un direte, pero constelada de carteles de todo tipo en todos los idiomas que piden a los adultos “Devuélvannos nuestro futuro”; “No hay un Planeta B”; “Ama a nuestra Madre”; “Aprende a cambiar o aprende a nadar”, y nació un neologismo en inglés muy miedoso: Biocidio, es decir, un atentado a la vida misma.

“Stop biocide now”; “Ni somos tan pequeños para hacer la diferencia”; “Sea parte de la solución no de la polución”; “No más esperanzas, queremos acciones”.

A voz en cuello millones de jóvenes han demostrado a los adultos que se puede reunir una fuerza multitudinaria alrededor de un interés común tan personal como es el cambio climático.

Nosotros en Cartagena no nos hemos dado cuenta de que un verdadero calentamiento global inundaría buena parte de la ciudad nueva, y el precioso Centro Histórico tiene la posibilidad de volverse una Venecia tropical. Todos nuestros gobernantes tienen la responsabilidad y la historia condenará a los que no hicieron nada para preparar nuestra Heroica a un baño de mar obligado.

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