Columna


Desafíos y soluciones

EDUARDO DURÁN GÓMEZ

14 de enero de 2021 12:00 AM

El Gobierno nacional ha insistido en que el 2021 será el año de las inversiones públicas, en donde se harán grandes esfuerzos presupuestales para impulsar la inversión y estimular el empleo y el crecimiento económico.

Cartagena es una ciudad que tiene que estar muy pendiente de esos anuncios: se le promete mucho y se le cumple poco. El reciente informe, sobre los macroproyectos para la ciudad, da cuenta de que la mayoría descansan prolongadamente, pues mientras el tiempo pasa, los estudios quedan desactualizados, los nuevos funcionarios deciden que hay que modificarlos y ajustarlos, o simplemente los recursos no llegan, porque nunca se pusieron en los presupuestos de ejecución.

Ahí tenemos durmiendo, y seguramente roncando, proyectos como el corredor portuario, la protección costera, el saneamiento básico, el transporte fluvial público, la modernización de espacios públicos en la zona turística, y el famoso canal del Dique, para el cual se anuncia que ahora sí se va a ejecutar, aunque todavía no arranca.

El alcalde William Dau, y la clase dirigente de la región, tienen que ponerse a la tarea de aterrizar todos esos proyectos; de reclamar cronogramas de ejecución para saber cómo se van a comportar dentro del tiempo requerido y el aseguramiento de las partidas que financiarán las obras.

Cartagena la bella, la ciudad más linda de América, como muchos la llaman, no puede seguir viviendo solamente de historia y de un corral de piedra, con edificaciones coloniales y republicanas, que nos dejaron los antepasados. Cartagena es hoy Patrimonio de la Humanidad, etiqueta que hay que defender ante el mundo entero y eso se hace es con recursos y con la ejecución de proyectos que son indispensables para su supervivencia.

La Unesco ya amenazó con quitar esa condición patrimonial y todavía no nos inmutamos; a pesar de las catastróficas consecuencias que eso tendría para la ciudad y para el país.

Desde el Consejo Nacional de Patrimonio se han hecho llamados constantes sobre este asunto y las sucesivas autoridades no han decidido ponerse a trabajar en un esquema metódico y serio para afrontar toda la problemática existente y para asumir los retos que se requieren para responder en el menor tiempo posible.

Existe abandono de las autoridades nacionales, pero también mucho de las locales, y desde luego una impotencia de la clase dirigente para empoderarse de lo que tiene y para trabajar por su propio patrimonio.

Si esta situación no se pone en blanco y negro, con estudios ya definitivos y con presupuestos apropiados, seguirá el mismo discurso, siempre diciendo que ya están los proyectos, pero las obras nunca.

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