Desarrollo desde abajo

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En la Kenia rural la mayor parte de la población es pobre, enfermiza y analfabeta. También, múltiples otros países y regiones subnacionales tienen similares niveles de rezago en desarrollo económico. Es tan grave el panorama para la humanidad que las Naciones Unidas aprobó en 2015 que el poner fin a la pobreza fuese la mayor prioridad de su agenda de desarrollo de largo plazo (es el primer Objetivo de Desarrollo Sostenible).

Encontrar una salida a la pobreza y al atraso económico también ha preocupado a los académicos. Muchos economistas, por ejemplo, se especializan en estudiar el desarrollo económico. Desde mediados de los noventa apareció una nueva escuela en ese campo que este año, luego de varias décadas de investigación, fue galardonada por el Banco de Suecia con el Premio Nobel de Economía.

Los ganadores del Nobel fueron los investigadores Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer, cuyo aporte principal consiste en dar soluciones que, pese a enfocarse en preguntas pequeñas y más manejables del desarrollo local, son muy efectivas.

Su libro de 2011, “Poor Economics”, fue un éxito de ventas (el lector interesado puede consultar la reseña que Laura Cepeda le hizo en la revista Economía & Región de la UTB). En este y otros trabajos, sus resultados gozan de casi tanta validez como la de aquellos nuevos medicamentos que superan pruebas clínicas previas a que le autoricen su fabricación y venta.

El sello que respalda la validez de estos investigadores es el enfoque de diseño experimental. Es una forma de acercarse en las ciencias sociales a la pulcritud del método científico como se usa en las ciencias naturales experimentales, es decir, usando pruebas controladas aleatorizadas.

Durante las últimas décadas, los ganadores del Nobel y sus seguidores han venido influyendo de dos grandes formas en la sociedad. Por un lado, en los salones universitarios, su estilo impregnó de vitalidad metodológica el desarrollo, considerado en los noventa un campo poco dinámico de la economía.

Por otro lado, y de manera más importante, el legado de Banerjee y su equipo se palpa en el muy alto número de proyectos académicos que ahora apelan al trabajo de campo, a “ensuciarse las botas”, y a beneficiar directamente a niños y miembros de poblaciones vulnerables.

Pese al reconocimiento que están recibiendo, el enfoque de los Nobel dista mucho de ser la panacea del desarrollo. Las economías de altos ingresos, con sus crisis de tiroteos escolares, salud mental y abuso de opioides, muestran que no es solo con mejoras a la economía como se alcanza el desarrollo en el sentido más amplio.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB o a sus directivos.

*Profesor de la Facultad de Economía y Negocios, UTB.

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