Columna


Desarrollo y COVID-19

JESÚS OLIVERO

JESÚS OLIVERO

08 de mayo de 2020 12:00 AM

El COVID-19 es una palanca que incrementará el número de familias en condición de pobreza extrema, condenadas al hambre; lanzará a la pobreza a la clase media, colocándola en modo supervivencia, y concentrará aún más la riqueza en unos pocos. Nada de lo que ocurra en la pandemia nos mejorará como humanos. Las señales que proyectan una sociedad más egoísta no pueden ser más claras. Empresas multinacionales con ganancias billonarias presionando al Estado para que les pague los salarios a los trabajadores; celebridades contribuyendo con canciones y no con recursos; y funcionarios empeñados en seguir aumentando la corrupción, son apenas la nata flotando sobre el tanque contaminado.

Ante tantas necesidades cimentadas por corruptos, agravadas por COVID-19, los Planes de Desarrollo deben ajustar prioridades y concentrarse en evitar el caos en la catástrofe. La lista es larga, pero salud y reactivación económica son temas a priorizar. A nivel de infraestructura, recuperar el HUC es una obligación, desde habilitar todos sus pisos, hasta mejorar sus alrededores, incluyendo mayor articulación con actividades universitarias. Una fracción importante del edificio está abandonada, el área alberga basuras y escombros, calles deterioradas y polvorientas, quioscos abandonados y delincuencia. Lo irónico es que allí es donde hemos decidido librar la batalla contra la muerte por la pandemia. Situación similar ocurre en la mayoría de centros asistenciales, donde la precariedad destruye la atención mínima decente.

Por increíble que parezca, los pequeños negocios mueven más la economía de Cartagena que las llamadas grandes empresas. Son las pymes de los barrios populares, en conjunto con las actividades informales, las que generan el dinero que permite la subsistencia de la mayor parte de la población cartagenera. Allí es donde deben concentrarse los programas de apoyo para la reactivación económica, tratando de conectar proyectos aislados con sus respectivas cadenas productivas.

La institucionalidad debe romper paradigmas. Con tanta hambre y necesidades, no es posible que entre todos tengamos que pagar sumas escandalosas para hacer dragados a puertos privados. Es igualmente inaudito que empresas con rendimientos multimillonarios diarios hayan sido liberadas del pago de impuestos. Las cosas deben cambiar, y la plata que entra de las fortificaciones, las marinas y tantas cosas que hemos entregado a particulares, sin retorno alguno a la comunidad, debe servir para salir adelante.

*Profesor.

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