Columna


Descubrimiento o invasión de América

ALCIDES ARRIETA MEZA

17 de octubre de 2020 08:52 AM

La educación eurocéntrica siguió las huellas del invasor, hizo creer que habían descubierto América, la escuela reprodujo esta gigantesca mentira, que falsificó la historia escondiendo los efectos catastróficos de ese gran asalto, siniestro y criminal manipulado por los colonizadores.

Pero el velo, ha comenzado a ser levantado, las investigaciones han evidenciado la historia real, por cuanto, no podría llamarse conquistador a quiénes mataron, esclavizaron, humillaron, robaron y saquearon los recursos de dos civilizaciones la indígena y la afro.

No hubo tal descubrimiento de las Américas, ni encuentro de culturas según las investigaciones, toda vez, que nuestras tierras fueron milenarias, estando habitadas según esas mismas fuentes hace miles de años, tiempos en los cuales, los nativos, tuvieron y desarrollaron avanzadas organizaciones políticas, económicas y sociales, desarrollaron la arquitectura, la ingeniería, la medicina natural, sus saberes espirituales, el conocimiento y el respeto a la naturaleza.

África sufrió también los violentos acribillamientos, fue invadida, secuestrada, oprimida, explotada, socavada, asesinada por los mismos criminales, que desarraigaron y devastaron las estructuras políticas, económicas y sociales, debilitando sus portentosos saberes, su profunda epistemología, su aguda sabiduría espiritual, sus discernimientos sobre la naturaleza. Saberes ancestrales hoy vigentes.

Charles C. Mann, escritor y periodista estadounidense, especializado en temas históricos y científicos, en la obra titulada,” 1491, Una nueva historia de las Américas antes de Colón, sigue quitando el velo, muestra con sus investigaciones la histórica mentira que ha tratado de inculcar que indígenas y afros eran una manada de nómadas salvajes sin cerebro.

No fue así, las evidencias prueban que africanos e indígenas, antes de la llegada de los europeos, eran una civilización en progreso, en cuyo seno, tuvieron lugar tres revoluciones neolíticas, que implicaron el desarrollo de las fuerzas productivas, generalizando la agricultura y el pastoreo, además de descubrir y aplicar el sistema binario de especial importancia en la electrónica y en la informática. Las dos civilizaciones tenían calendarios y fueron multilinguísticas. Los invasores impusieron su lengua, el castellano y casi no dejan rastro de las lenguas africanas.

La organización política africana, afirma el ex –presidente de Nigeria, Jomo Kenyata, que el régimen político africano en general, era protector de la libertad y estaba representado en los poblados por consejos jefes de familia, que elegían a su vez a los delegados de la asamblea de ancianos a escala tribal, regulados por el derecho consuetudinario, para citar algunos ejemplos.

El derecho africano era sabiamente consuetudinario impregnado de elementos morales y religiosos, en donde las familias eran asociaciones rituales que respetaban y respetan la divinidad, protegían la vida como un todo, en todas sus manifestaciones. Seres vivos de especial consideración, deferencia y reverencia en la concepción afro-indígena no eran solamente los seres humanos y los animales, sino los ríos, los mares, la tierra y el reino vegetal.

La colonización devastó estas culturas, debilitó sus lenguas, eliminó las libertades físicas, pero no la libertad del alma, esta nunca estuvo encadenada y menos, las fuerzas espirituales de nuestros ancestros, cuya presencia ha sido y será fuente de inspiración, de esperanza, de poder, de cimarronaje, para reencontrarnos con nosotros mismos y con nuestras identidades.

Es el tiempo de la restauración, de la reconstrucción de las reivindicaciones de los pueblos en general, de la unidad afro-indígena, de la vivencia de las artes, de la música, porque con sabiduría, energía y alegría cultural, lograremos articulados el restablecimiento y reparación de nuestros derechos territoriales, culturales, económicos y sociales. Así será. Ashe - to.

Profesor y abogado.

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