Desierto y viacrucis

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Lo que deseas requiere sacrificio, dedicación, convencimiento y amor, la liberación del pueblo judío del dominio de los egipcios les llevó a una larga jornada de 40 años, con padecimientos enfrentados al clima, escasez de alimento y que sumado a la falta de fe, generó en sus filas protestas y falsas adoraciones no permitiendo a muchos ver la tierra prometida.

Ese es el desierto que como cristianos tenemos que recorrer para fortalecer nuestra fe. La enfermedad de un ser querido, falta de trabajo, resentimiento, conspiración de tus amigos, epidemias, ocio, azar, adicciones, envidia, odio, rencor, indiferencia, calumnias entre otros, obstaculizan el camino a la liberación y al encuentro con Jesús, pues, la falta de creer que más allá de esos inconvenientes tendremos la vida eterna nos hace estancar.

Esta pandemia ha permitido que ricos, pobres, poderosos y soberbios sientan temor, sabemos que no existe distingo de afectación por COVID-19 y es una oportunidad para reflexionar en las injusticias que cometemos a diario, en el desamor para nuestro prójimo, en la vanidad de nuestra alma y en la ausencia de perdón, y entonces si el temor te paraliza por miedo a lo que podría ser de ti, por el temor a la muerte y porque tal vez nos pasó como la semilla que el sembrador lanzó a nuestro terreno de un alma pedregosa que no le permitió a la planta del amor por los hermanos crecer, y es aquí hermano en donde la parábola de la higuera nos motiva a que aprovechemos esta Semana Mayor en resetear el alma, y disponer el corazón, a vivirla en familia: “Pero comprended esto: si el dueño de la casa hubiera sabido a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, hubiera estado alerta y no hubiera permitido que entrara en su casa”.

Jesucristo nos dejó claro que todos los cristianos tenemos una cruz y que en la medida que tengas fe, esa cruz será liviana y te será más fácil el caminar en el viacrucis de la vida. Hermano no tengas temor, Jesús también lo tuvo y fue en el huerto de los olivos cuando habló a su padre: “Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Él también era de carne y hueso, Él también suplicó al Padre y pidió cambiar el destino, pero aceptó la voluntad del Padre, ese es el pedido que hoy en medio de la pandemia clamamos angustiados llenos de agonía, temor, pavor, tristeza, desesperación, tedio, pesar, pero, hay que aceptar su voluntad y replantear la forma de vida haciendo que Él nuevamente resucite en nuestra vida para vivir un mundo más justo. Que sea esta Semana Mayor en el aislamiento forzado, la oportunidad de prepararnos porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre.

*Esta columna se rota semanalmente entre los cabildantes.

*Concejal de Cartagena

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