Día de las putas

03 de mayo de 2012 12:00 AM

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Primero que la Sociología, fueron las putas. Y primero que el santoral, fueron las putas. Y primero que cualquier invento de esos que ya dejaron de ser novelería, fueron las putas, razón más que suficiente para proclamar el 13 de abril, en Colombia, Día de las Putas, y honrarlas como merecen por su abnegado servicio a la humanidad ardiente.
De cuantas venían en las carabelas del genovés fletado por el imperio español para hacerse con las tierras, oro e indias de estos pagos bautizados en su honor, es poco lo que se detalla en las bitácoras de aquel tiempo en el cual era la mar oceana el único atajo para llegar al reino del caimito.
Pero de que venían algunas como “damas de compañía” de los cuatreros, asaltantes de caminos y fondas, estafadores, matones, tahúres y perdularios de toda clase que se desmovilizaron de los frentes que conformaban en la muy pacata pero rapaz Iberia, hay suficientes evidencias.
Será esa, entonces, pesquisa de doctos historiadores que, en Cartagena, Popayán, Mompox y otras jurisdicciones blasonadas por los más rancios abolengos, tienen muchos saberes de historia y de cosas que contar de ella que por pecaminosas no se divulgan.
De cuanto sí hay registros auténticos y rubricados en inglés de la época, es que en el Myflower que zarpara de la imperial Albión hacia Nueva Inglaterra con su carga de puritanos disidentes del putañero de Enrique VIII, la valija más preciada, valorada y protegida por la tripulación de aquel barco, que al fin pudo hacerse a la mar desde el puerto de Plymouth, era su guacal dorado de putas, cuya misión era la de paliar las penurias carnales de los padres peregrinos en la tierra prometida de la Nueva Jerusalén.
Y como si con poseerla mediante el despojo el hombre alcanzara el clímax y la saciedad de todas las hambres de poder que gravitan desordenadas e irrefrenables en su imaginario, es la tierra, su despojo y posesión, la que marca el rumbo de las travesías, éxodos y héjiras más crueles de la historia de la humanidad. Y Colombia, igual que Iberia y Albión, tiene también una larga y dolorosamente padecida historia de la tierra como centro gravitacional de las violencias, despojos, desplazamientos, putería, narcotráfico y crímenes, la ultima entre tantas, la de los padres refundadores, rubricada y sellada en Ralito, Córdoba.
Si el Pacto del Myflower, 1620, suscrito en cubierta por los padres peregrinos, se erige en acta fundacional de la Constitución de Estados Unidos, es para pensar que el Pacto de Ralito, 381 años de haber sido suscrito encubierto, viene a ser como la carta de naturaleza que daría origen a esa tenebrosa noche de violencias multiplicadas que alcanzaría su clímax en la “refundación del país”.
En “un nuevo contrato social” y en el “derecho de toda persona a la propiedad”. De tierras y vidas, desde luego, que se despojarían por los escuadrones paramilitares y sus aliados a partir del “nuevo contrato social” pactado.
Entre tanto y como víctimas de violaciones de todo orden, derechos, dignidad y reputación que en la historia han sido, es apenas loable que, para resarcir la afrenta infligida por los tiempos de los tiempos, a las putas se les eleve a los altares y se proclame el 13 de abril su día consagrado.
Por menos gracias, sacrificios, ultrajes, bienaventuranzas y favores recibidos, se han beatificado y santificado hombres, mujeres y niños en este país de místicos y predestinados.

*Poeta

elversionista@yahoo.es
@CristogarciaTap

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