Días sin motos II

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Dependiendo de cómo se le mire, las motos, o el mototaxismo, son un problema o una solución. Un problema porque su maniobrabilidad, su número, su tamaño, su alta vulnerabilidad y la intrepidez de sus conductores, las convierten en elementos altamente peligrosos para los demás vehículos, transeúntes y aún para ellos mismos. Y una solución, porque es un medio de transporte personalizado (puerta a puerta), rápido, y económico -medido en su costo-beneficio- que sus usuarios valoran altamente; no solamente para la movilidad o el desplazamiento humano, sino en los cada vez más populares pedidos y envíos de toda clase de bienes y servicios a domicilio.

Un día sin motos es una calamidad para todos ellos, y también para las miles de familias que viven de los ingresos que obtienen alquilando, manejando o usando este medio de transporte. Y una felicidad para los otros medios de transporte (legales e ilegales) que compiten en ese mercado de oferentes y demandantes; y en general para todos los que conducen en estas vías cartageneras llenas de huecos, buses, transeúntes, taxis, mototaxis y bicitaxis, que pueden conducir en esos días, con menos temor de arrollar o ser arrollados por una moto.

Como punto de partida en este análisis que deben continuar otros, observemos que el no tener congestión en las vías (que siempre la hay, y la habrá, excepto los días festivos) alivia las tensiones de manejar, pero ese efecto no es acumulativo; a menos que podamos medir y valorar objetivamente su efecto en la salud y la longevidad, tarea bien difícil si no imposible. Mientras que la pérdida de ingresos se mide con miles de indicadores, y sí que es acumulativa, porque las obligaciones económicas también lo son: dos días más sin ingresos (ya tienen los domingos y feriados) pueden descompensar la economía familiar al punto de no poder cumplir con el pago de los fiaos de la tienda, los servicios públicos, y hasta de embolatar el pago de colegios, el saludable entretenimiento y la alimentación. El mototaxismo es un “fenómeno y un negocio”, que genera ingresos a miles de familias en la ciudad (ventas, servicios posventa, mantenimientos y manejo de estas) difícil si no imposible de hacer desaparecer. Ni Transcaribe, ofreciendo tarifas más bajas y desplazamientos confortables, rápidos y seguros, podrá hacerlo.

Por todo lo anterior hay que preguntarse si es imperativo hacerlo, y qué sentido o ganancia tiene para quién o quiénes, los llamados “días sin motos” el segundo y el último viernes de cada mes. También, si no más, los buses y los taxis son parte del problema, aunado a la falta de vías.

Es responsabilidad de quien traza una política, o expide una norma, crear los mecanismos que permitan verificar su eficacia, y su real conveniencia. Por lo pronto el día sin moto no es una política apropiada para nada, y se debería desmontar.

movilyances@gmail.com

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