Dilemas de Transcaribe

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La protesta ciudadana por el aumento de la tarifa de Transcaribe y la decisión de la empresa de mantenerla puso en esquinas opuestas a quienes se deben el derecho a deliberar. El árbitro de este desencuentro, el Distrito, ha jugado un papel muy pasivo, cuando podría desvarar el que puede convertirse en un golpe a la credibilidad del sistema.

Los usuarios impulsan por las redes sociales una “fiesta protesta”, una caravana que hoy sale del Castillo San Felipe y finaliza en la Plaza de la Aduana; es el culmen de una semana de movilizaciones en la que tomaron la polémica decisión de dejar de usar el SITM.

A diferencia de otros episodios críticos, por ejemplo, cuando entre 1998 y 2001 las tarifas de energía subieron casi el 200% en la ciudad y algunos usuarios tomaron las vías de hecho, ahora sobresalen los argumentos razonados de la ciudadanía.

A Transcaribe se le abren oportunidades para mejorar el proyecto. La reacción de los usuarios es la de unos consumidores desalentados que deja al descubierto la lentitud con que se han gestionado los temas “blandos”, como la relación entre operador y usuarios.

Como ahora, el SITM local ha pasado por varios campanazos de alerta. El más sonado fue la brecha entre los resultados de los escenarios de modelación frente a las proyecciones de demanda.

A juzgar por la respuesta de la gerencia de Transcaribe, ello no representa amenaza ya que la demanda ha aumentado al ritmo deseado. Sin embargo, esto no debe llevar a ignorar la esencia del negocio: el transporte público se comporta como un bien inferior, esto es, que los usuarios tienden a dejarlo de consumir cuando suben sus ingresos.
Esta no es la única razón para pensar en un subsidio a la tarifa, que puede financiarse con tributos a vehículos particulares, cobros de estacionamiento, por congestión y contaminación. Aumentos como el actual pondrían a Transcaribe en desventaja frente a los medios de transporte informales, cuando queremos que se fortalezca.

Para facilitar el acercamiento está bien pensar que el reajuste golpea a los cartageneros de bajos ingresos, sus mayores usuarios, que destinan casi 15% de su renta a transportarse. Pero también que espacios como el concebido por Transcaribe, la asociación de usuarios, funcionen.

Transcaribe le está cambiando la cara a la ciudad y ha mejorado la calidad de vida de muchos habitantes. Pero lograr que el proceso de implementación continúe de manera exitosa no puede sustentarse sólo en el aumento de la tarifa.

¿Queremos un SITM autosostenible, donde se presenten reajustes a la tarifa de manera ‘técnica’, o uno con subsidios a la demanda más ajustados a las características del mercado local?

*Profesor UTB

COLUMNA EMPRESARIAL
AARÓN ESPINOSA E.*
aespinosa@utb.edu.co

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