Columna


Dinamismo social

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

12 de enero de 2021 12:00 AM

Todo pasa, todo cambia, nada es, todo está en función de ser, decía Heráclito. Sin duda es así, las tendencias, ideologías, moda, belleza, cariño, amor e incluso el respeto mutan, si es que no desaparecen y renacen en circunstancias diferentes. Todo dependerá no solo de factores externos o materiales, también de los sentimientos.

El tiempo y las condiciones son determinantes a la hora de garantizar la permanencia o el cambio. Por eso dijo con propiedad Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Aquella define el camino a seguir, más en política donde se acepta la versatilidad propia de la sociedad, que permite y necesita ajustarse a la realidad que subyace.

De ahí, lo usual que una persona modifique su ideología cuando el entorno muestre esa necesidad, obvio, esa decisión debe estar motivada por la supervivencia, no solo individual, siempre colectiva, lo que se cree es mejor para el bienestar común, pero cuando esa iniciativa es egoísta, el dinamismo se convierte en oportunismo.

El progreso y crecimiento no son malos, por el contrario, son necesarios y loables, representan una forma de adaptación que estimula la permanencia en los espacios vitales.

La naturaleza de la evolución es tan real, que estamos en un momento histórico que sirve de ilustrativo ejemplo.

Hace un año vivíamos un mundo muy distinto, lleno de libertades, y no éramos conscientes de ellas, suele suceder que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde y esa autonomía desapareció poco a poco.

Gracias al COVID-19 la nueva normalidad se impuso como inevitable, con grandes restricciones para poder mantener a flote la vida que se mantiene en constante riesgo.

Quien no se acomoda perecerá, es naturalmente indiscutible y justo lo que nos pasa. Si no asumimos los retos y deberes que impone la amenaza de contagio, además de la aleatoria muerte, una hecatombe que se asoma tímida aparecerá por completo.

La nostalgia por lo que era y hoy no es, cual canto de sirena, invita a la irresponsabilidad, sobre todo por el espejo de las redes sociales.

En el sentido personal muchos cambios son para bien, es decir, sumar logros de toda índole; si la esencia permanece y el corazón se muestra humilde, será maravilloso.

Pero si la prepotencia, altivez e ingratitud acompañan la mutación, todo será un desastre, lo peor es no tener la conciencia de saberlo.

Pienso que de esa ralea son los que no han aceptado la dinámica social actual y mantienen una conducta ególatra al desafiar sin detenimiento la salud pública, aquella que otros miserables han tratado de antaño como la vaca familiar.

*Abogado.

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